Protección de la biodiversidad: de especies a redes

La semana pasada hablé (tarde) de la Lista Roja de la IUCN y su función como herramienta básica para proteger especies. Una herramienta más que útil que sirve para poner en pie acciones que mantengan con vida la enorme biodiversidad de seres vivos que hay en el planeta y evitar que se extingan. Aun así, hay veces que este sistema falla, y puede haber muchos motivos distintos: la indiferencia de los gobernantes, la oposición de la población local, la caza furtiva, el actuar demasiado tarde…

Uno de los peores para mí, es proteger mal el hábitat que ocupa una especie. La mayoría de áreas protegidas son pequeñas, insuficientes para permitir el aumento de la población a unos valores necesarios para su estabilización, y están dispersas por el territorio de la especie en cuestión, sin ningún tipo de conexión entre ellos, creando, además, un aumento de los cruces entre individuos de la misma población que favorece la aparición de consanguinidad. Además, no tienen una forma que maximice la superficie a proteger.

Un área protegida debería ser grande, abarcando no solo el área de distribución actual de la especie, sino la potencial (la que podría tener) y/o la pasada (la que tuvo), más o menos circular, optimizando la superficie disponible, conectada con otras zonas protegidas mediante corredores biológicos, es decir, pasillos con un grado de conservación que permitan el movimiento de las especies de una a otra sin tener que sufrir los problemas del desarrollo humano.

Claro, esto ocuparía grandes extensiones de territorio, porque algunas/muchas especies necesitan mucho terreno para vivir o tienen un rango de distribución muy grande. En el caso de poblaciones concretas en peligro de una especie común en otros sitios, la cuestión sería el mantenimiento de la conexión con el resto de las poblaciones, para permitir la movilidad de los individuos.

Esto, obviamente, comportaría un problema para la población local, ya que, por norma general, las zonas protegidas no se pueden explotar. Pero, ¿y si cambiáramos esta mentalidad?

Es decir, actualmente se protegen zonas por tener especies en peligro, por tener ecosistemas en peligro, o por tener una elevadísima biodiversidad y una riqueza de ambientes en peligro. Por este motivo, ciertas áreas se han designado como “hot-spots” de biodiversidad, ya que contienen una gran cantidad de vida que no hay en otros sitios, o como áreas de interés prioritario por contener alguna especie/ambiente excepcional.

Áreas prioritarias de acción de la WWF

Áreas prioritarias de acción de la WWF. Fuente: WWF

Hot-Spots en el mundo

Hot-Spots en el mundo. Fuente: Conservation International

Pero, ¿y si a estas zonas, a parte de la riqueza natural, se les añadiera un valor económico acorde con sus ecosistemas? Me explico, ¿qué pasaría si apareciera un nuevo criterio que valorara la capacidad de una actividad económica que favoreciera a la población local y al ecosistema? Una actividad que permitiera un desarrollo de la zona amigable al estatus de protección, que permitiera vivir de manera razonable a las gentes del lugar, prohibiendo cualquier tipo de explotación masiva, controlando el tamaño de la población y otras actividades no ligadas al área, sin ningún abuso. Además, para protegerla, se puede optar por los habitantes locales, de manera que el beneficio económico solamente repercutiría en ellos. ¿No tendría aún más valor?

Me diréis que es utópico porque hay demasiados intereses de las grandes compañías y porque el ser humano no puede parar, quiere más y más. Podéis tener bastante razón. Pero las poblaciones locales de zonas rurales de Centro y Sudamérica, África, Oeste, Centro y Sudeste de Asia y Polinesia llevan viviendo así toda la vida, así como de ciertas zonas (muchísimas menos) de Europa, Norteamérica y Este de Asia que no se han tenido que arrodillar ante esas mismas compañías.

Aun así, exige un cambio de mentalidad de 180º. Un cambio de actitud para con el planeta que es difícil que se produzca. Implica pasar de la acción local a la acción global: de la protección de las especies a la protección del hábitat, y de la protección del hábitat a la protección de la red. Una red de interrelaciones integradas en un sistema estable y fuerte ante las perturbaciones.

¿No sería esta una opción más que válida para aunar todos los aspectos del desarrollo humano necesarios para un futuro donde no exista el riesgo de quedarnos solos?

DH

PD: esta última reflexión no contradice lo que dije en los TALKs sobre población y desarrollo humano. Es una vía para evitar lo que denuncié en ellos, para evitar esto:

The Fence by Daniel Quinn

La Valla, por Daniel Quinn. Así es como acabará el planeta si no hacemos algo.

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