La realidad que calienta el planeta

Es hora de volver de vacaciones y volver a preocuparse por lo que pasa en el mundo, así que hoy os hablaré de algunos aspectos del cambio climático. Pero me alejaré un poco de todas las predicciones apocalípticas que, más o menos ciertas, inundan los medios de comunicación. Realmente me centraré en porqué pasa, esperando eliminar algunos mitos existentes.

GASES INVERNADERO

Para empezar, trataré los gases invernadero. Éstos son los gases que causan el calentamiento del planeta. La manera como lo hacen es almacenando parte de la radiación proveniente del Sol y que la Tierra refleja hacia el espacio. Así, esa radiación que en condiciones normales se iría, se mantiene en la atmósfera y calienta el planeta.

Metano-3D.png

Representación tridimensional de la molécula de metano. «Metano-3D» por Manuel Almagro Rivas – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

Los gases que producen este efecto son, principalmente: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O) y vapor de agua (H2O). De todos ellos, el más conocido para el público es el CO2, pero primero hablaré de los otros tres.

Aunque pueda sorprender, el vapor de agua, es decir, el agua en forma de gas, la sustancia de la que están hechas las nubes, es uno de los gases invernadero más potentes, ya que es de los que más calor capta. Aun así, su efecto no es tan importante, porque se concentra principalmente en las zonas tropicales y subtropicales, de manera que no actúa sobre todo el planeta.

El óxido nitroso es otro gas causante del calentamiento del planeta. Se cree que es el causante del 5% del efecto invernadero. Su vida atmosférica (el tiempo que permanece en el aire) es “relativamente” corta, aunque he encontrado distintos tiempos: entre 10 y 100 años.

El siguiente gas es el metano. Presenta un tiempo de vida atmosférica parecido a del óxido nitroso. Tiene una capacidad calorífica mucho mayor que el CO2, pero como dura mucho menos tiempo, su efecto no es tan fuerte. Es un gas existente en la atmósfera debido a la vida que hay en la Tierra. De esta manera, el exceso de metano presente es debido sobre todo a la ganadería intensiva.

Nitrous-oxide-3D-vdW.png

Representación de la molécula de óxido nitroso (N2O) «Nitrous-oxide-3D-vdW» por Ben Mills – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons.

He dejado para el final el CO2, el gas más importante y más conocido causante del calentamiento global. Creo que todo el mundo sabe la importancia del CO2, pero quizá no sabe cuál es su relación real con la Tierra. Digamos que el CO2 es completamente necesario para nuestra supervivencia por dos razones: es el sustento de la producción de energía de los organismos que hacen la fotosíntesis (plantas, algas, musgos, bacterias…) y, debido a este proceso, que producen el oxígeno que nos permite vivir; el segundo motivo es porque al ser un gas capaz de capturar radiación (es decir, calor) permite que la Tierra no se enfríe y que vivamos todos en una tundra helada. Pero un exceso suyo es el que provoca un exceso de calor, como tenemos actualmente.

De este modo, hay que tener en cuenta la relación directa entre el CO2 y la temperatura. Para reafirmar este punto, existen datos y estudios. Estudios de las capas de hielo en el Antártico, han permitido ver que durante las glaciaciones (bajas temperaturas), el CO2 era bajo, y en los períodos interglaciares (altas temperaturas), el CO2 era alto. Así mismo, estimaciones hechas con softwares especiales, muestran que los períodos más cálidos durante el Fanerozoico (época de la Tierra que comprende los últimos 542 millones en la historia del planeta) iban acompañados de valores más altos de CO2.

co2 hielo antártico

Gráfico que muestra la variación de CO2 y la de temperatura a lo largo de los años. Nótese como la variación es proporcional durante todo el tiempo. Sacado del artículo: Midlatitude westerlies, atmospheric CO2, and climate change during ice ages (referenciado abajo)

Actualmente, parece que el calentamiento del planeta ha reducido su velocidad, muy elevada durante los últimos 100 años, proporcional al que hubo al final de la última Edad de Hielo. Esta reducción ha sido usada por los negacionistas del cambio climático para decir que no existen tal cambio (y mucho menos causado por los seres humanos).

Realmente, lo que ocurre es que hay épocas de más aumento y épocas de menos aumento. Eso es debido al gran efecto de diversos procesos naturales, sobre todo la captación de calor por parte de los océanos. Tanto el Pacífico como el Atlántico tienen períodos con más capacidad de absorber calor, en los cuales tanto la superficie como en sus profundidades, el agua es más cálida (o al menos aumenta la disipación de calor). Esto implica que el efecto de la radiación se retrase y muestre un desfase respecto al aumento esperado en la atmósfera. Pero esta ralentización no se da solo por esto: los ciclos naturales de El Niño y La Niña también afectan, así como la actividad solar, inusualmente baja en los últimos años.

Realmente, no me sorprendería que la Tierra fuera capaz de compensar todos estos gases que emitimos y que, juntos a estos mismos emitidos de forma natural, provoquen su exceso en la atmósfera. Por ejemplo, uno de los gases que puede causar lluvia ácida, llamado sulfuro de dimetilo, es un potente gas “anti-invernadero”, ya que tiene los efectos contrarios que el CO2 y en la misma magnitud. Este gas es producido por algunos tipos de algas marinas, que lo liberan en la atmósfera. Desafortunadamente, los combustibles fósiles liberan otros compuestos con azufre que, junto al sulfuro de dimetilo, lleguen a estar en exceso en el aire y provoquen la lluvia ácida.

Viendo que con el panorama que hay el sulfuro de dimetilo puede no ser una buena opción, la otra manera de compensar los gases que emitimos sería que la Tierra “aumentara” la superficie de bosques y selvas para que absorbieran mucho más CO2 (obviamente no lo haría la Tierra, sino que sería una respuesta evolutiva de las plantas, ya que al producir más, se reproducirían más y colonizarían más espacio). Pero aquí entra otro inconveniente, y quizá el peor: nos estamos cargando todos los bosques y selvas para plantar cultivos con mucha menos capacidad de captar CO2. Así, el panorama aún es menos halagüeño.

CAPA DE OZONO

El otro aspecto que quiero comentar es el de la capa de ozono. Su disminución es un hecho preocupante, pero quiero mostrar que se puede relativizar su consecuencia. El “agujero” consiste principalmente en un adelgazamiento de la capa de ozono en la parte alta de la atmósfera. Esto se ha producido principalmente porque el cloro reacciona con el ozono cuando le llega cierto tipo de radiación. El cloro llegó allí debido a los CFCs, que por suerte ya no se usan desde 1995, al menos en la Unión Europea. Pero también el óxido nitroso ayuda. Además, tanto este último gas como los CFCs son gases de efecto invernadero.

Agujero en la capa de ozono 2008.jpg

Evolución de la concentración de ozono en el Antártico entre 1979 y 2008. «Agujero en la capa de ozono 2008» por NASA – http://earthobservatory.nasa.gov/IOTD/view.php?id=38835. Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons.

La función de la capa de ozono es filtrar una parte de la radiación que nos llega del Sol, concretamente la luz ultraviolada (luz UV). Esta misma es de la que nos protegemos cuando vamos a tomar el Sol (estoy seguro que hasta hace unos días os untabais de crema cuando ibais a la playa), ya que un exceso suyo provoca daños en el DNA de la piel y puede provocar cáncer. Pero también es una radiación necesaria para nosotros, porque nos permite sintetizar vitamina D para el cuerpo, que no se puede sintetizar de ninguna otra manera (esta vitamina ayuda a la absorción de calcio).

Teniendo en cuenta estas consecuencias, hay que negar una falacia que corre en el conocimiento general: la luz UV mata la vida y sin capa de ozono moriríamos todos. Esto no es cierto. James E Lovelock, en 1948, y Lynn Margulis, más tarde, demostraron que con una mínima protección, los seres vivos pueden sobrevivir a la exposición de la radiación UV. Las bacterias pueden tener una capa mucosa y nosotros tenemos la melanina (la pigmentación negra de ciertos grupos de personas implican una adaptación a mayores exposiciones a radiación UV que una pigmentación más clara). Sino, bien sirve usar ropa para protegernos de este tipo de radiación.

 

Sé que se podrían haber tratado temas como la lluvia ácida, la acidificación de los mares, la desertificación, el aumento de fenómenos atmosféricos extremos, etc; pero me interesaba tocar estos dos temas principalmente. Porque en estos temas, en los que la gente recibe mucha información, se necesita ver todo en su conjunto: no solo los que dicen de un lado, ni del otro; sino la verdad. Otro día hablaré de otros problemas asociados al aumento de la temperatura, como son los que acabo de mencionar.

DH

 

PD: curiosamente, ahora que parece haberse frenado, está aumentando el porcentaje de gente en Estados Unidos que cree en el cambio climático. Quizá porque cada vez se muestran más en los medios de comunicación los posibles efectos con todas las catástrofes climáticas que ha habido. Quizá porque está arraigando una culpa ética respecto a lo que se ha hecho al planeta. Pero parece que está sucediendo un cambio parecido al que hubo cuando la gente se puso en contra de lo nuclear hace años. Más vale tarde que nunca… pero quizá está siendo demasiado tarde.

 

REFERENCIAS

Berner, R.A. & Kothavala, Z. (2001) “GEOCARB III: a revised model of atmospheric CO2 over Phanerozoic time” American Journal of Science 301:2, 182-204)

Carmona, J.C.; Bolívar, D.M. & Giraldo, L.A. (2005) “El gas metano en la producción ganadera y alternativas para medir sus emisiones y aminorar su impacto a nivel ambiental y productivo” Rev Col Cienc Pec 18:1, 49-63

Hay, W.W (2014) “The accelerating rate of global change” Rendiconti Lincei 25:1, 29-48

Latif Mojib, M. & Keenlyside, N.S (2011) “A perspective on decadal climate variability and predictability” Deep-Sea Research Part II: Topical Studies in Oceaongraphy 58:17-18, 1880-1894

Long, S.M.; Xie, S.-P.; Zheng, X.-T. & Liu, Q. (2014) “Fast and slow responses to global warming: sea surface temperatures and precipitation patterns” Journal of Climate 27:1, 285-299

Redacción y agencias (2014) “Un estudio señala que los océanos frenan el calentamiento global” La Vanguardia, 23 Agosto

Toggweiler, J.R.; Russell, J.L. & Carson, S.R. (2006) “Midlatitude westerlies, atmospheric CO2, and climate change during ice ages” Paleoceanography 21:2, nº: PA2005

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