El auge de la especie errónea: un cuento para no dormir

La historieta de hoy no está basada en ninguna noticia concreta, sino en la situación actual del planeta y la sociedad. Podríamos decir que es hija del número especial de Science en julio sobre la desaparición de la fauna, comentado en la entrada del miércoles pasado.

Os dejo con ella.


Érase una vez la historia de una especie que dominó por encima de las otras, aunque no lo supieran. La historia de una especie que logró un supuesto intelecto que le permitió superar casi todas las barreras geológicas y biológicas del planeta donde vivía. La historia de una especie que se propagó a lo largo y ancho, que se estableció y que aumentó de número hasta vivir en casi todos los lugares que no estaban bajo el agua.

Esta especie tardó unos pocos millones de años en aparecer debido a la evolución de sus antecesores, aunque tardó mucho más respecto a sus primeros antecesores. Y no solo evolucionó biológicamente, sino que lo hizo también extrabiológicamente (evolución cultural lo llaman).

Y gracias a eso, fue dominando el mundo año a año. Es más, día a día. Tal fue su ascenso. Parecía que no había límites a su crecimiento. Y al principio era lógico. Eran el depredador alfa, lo más alto de su cadena. Aunque a veces sucumbieran.

Otros depredadores, glaciaciones, megaerupciones volcánicas; no pudieron con ellos. Siempre avanzaban, inexorables, consolidando su dominio férreo. Hasta que fue tal, que empezaron a modificar su entorno.

Human activity

Por Daniel Kulinski

El ego creció tanto que se pensaron que todo les pertenecía. Retroalimentado por su intelecto y capacidad de crear abstracciones que les espantaran sus miedos, pasaron por la piedra todo lo que encontraron. Plantas, animales, otros de su misma especie. No tenían reparos. Seguían a sus autocreados creadores, seguían lo que les decían, lo que se decían a sí mismos para convencerse que lo que hacían era lo adecuado.

Y así empezaron a caer. Pero no ellos, aún no. Empezaron a caer otras especies, fulminadas, borradas del mapa. Los conquistadores seguían llegando a más sitios, pues cuánto más lejos llegaban, más mundo detrás había. Hasta que dieron la vuelta entera.

IMG_0020.JPG

Por Jon Sullivan.

Los puntos pequeños, perdidos, aislados en medio de la inmensidad, eran modificados a su antojo, pues les resultaba más fácil. Querían igualarlo todo, sin contar que su planeta les jugaba malas pasadas a menudo.

Pero como crías caprichosas y cabezonas, seguían hacia adelante, consiguiendo lo que querían.

Y así pasaron miles de años. Miles de años convenciéndose de que estaban por encima, que eran los mejores, mirándose el ombligo. Matando, quemando, contaminando. Hasta que se dieron cuenta.

Por una vez, su intelecto funcionó y miraron a su alrededor. No era como antes. Casi no quedaba nada. Así que empezaron a arreglarlo: a veces bien, otras veces lo empeoraban.

Y con cada paso aprendían, aprendían más. Lo que habían hecho al pasado, al presente y al futuro. Tuvieron miedo. Miedo de no poder tener en el futuro lo que tuvieron en el pasado. Aprendieron con más ganas, arreglaron con más fuerza.

Había gente en contra, gente con poder dentro de su misma especie que les prohibía, que les decía que todo estaba bien y que era correcto lo que habían hecho.

Deforestation

Por World Bank Photo Collection, hecha por Curt Carnemark.

Se asustaron más aún. Vieron en los ojos de los poderosos lo que habían sido ellos mismos hasta el momento. Y pusieron aún más esfuerzo en tener un futuro bueno, pero también bueno para el resto del planeta.

Los que vieron la luz fueron aumentando, convenciendo más gente con los datos y estudios, no con la fe y las creencias, aunque muchos lo confundieran todo y les siguieron igualmente. Y así trabajaron hasta el momento crucial. Necesitaban un nombre para que todo tuviera la importancia que se merecía.

Antropoceno. Ése fue el nombre. Lo definieron como la época del planeta marcada por su presencia… marcada a fuego.

Y ahora toca que esa marca sea solo una cicatriz. Porque la generación posterior a los que han abierto los ojos vive el presente. Ha crecido con los datos interiorizados. Y su deber es arreglar el daño de sus padres, sus abuelos y el resto de sus inconscientes e ignorantes ancestros.

No hace falta decir el nombre de la especie de la historia, ¿verdad?

DH

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One Comment on “El auge de la especie errónea: un cuento para no dormir

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