Con la ciencia SÍ se juega

Hace tiempo que me considero fan de los juegos de mesa. De pequeño es normal que se juegue a este tipo de juegos (aunque cada vez menos), pero llega un momento en que las prioridades son otras y abandonas este entretenimiento de lado.  Yo nunca los he dejado del todo, sobre todo por la existencia de Risk.

Pero cuando me enseñaron a jugar a Catan, explotó en mi cara un mundo de juegos de mesa para “adultos”. Juegos más o menos complicados o elaborados que buscan a un público diferente del infantil. Desde entonces no he sabido (ni querido) salir de este mundo.

Al cabo de un tiempo, me pregunté si había ciencia en estos juegos. Empecé a buscar y los encontré, aunque muchos de ellos partían de la ciencia ficción (método fácil para dar a conocer conceptos científicos) o eran infantiles-educativos (tipo mi primer microscopio o mi primer laboratorio).

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Partida de Catan. Foto de CAHairyBear.

Pero buscando más tuve la suerte de encontrar uno que se ajustaba a lo que quería: Pandemia. El objetivo del juego es encontrar la cura de 4 enfermedades que intentan matar al ser humano, con la colaboración de todos los jugadores. Para conseguirlo, hay distintos personajes con distintas habilidades (cada jugador puede escoger uno), entre los que hay un “director de operaciones”, un “médico”, un “analista”, etc. Es decir, se debe gestionar el avance, prevención y cura de las enfermedades. Además, muestra cómo se producen brotes epidémicos, como puede haber reacciones en cadena… Si bien no muestra conceptos científicos per se, sí que introduce al jugador en el mundo de la gestión de epidemias, cosa que ya es interesante.

Pero la cosa no se quedó ahí, porque he seguido buscando más juegos sobre ciencia. Y ahí entra Fauna. Lo conocí hace poco en una feria de juegos en Barcelona (y me lo regalaron por Reyes). Consiste en adivinar características de distintas especies animales (360 para ser exactos). Pero no es el típico juego de preguntas y respuestas, sino que tienes unos cubitos para marcar en el tablero las respuestas (distribución, peso, longitud/altura total y/o longitud de la cola) y no solo puntúan la colocación de los cubitos en los sitios correctos, sino también en los adyacentes. Es decir, que puedes aproximar. Esto hace que se parezca a apostar (porque si pones un cubito en un sitio equivocado, lo pierdes). Parece fácil y tonto, pero engancha. Además, aprendes. Y si con el juego te quedas corto, tienes una guía que te da información extra de cada animal del juego.

Ciencia en la mesa

Actualmente sigo buscando más. Y lo hago porque considero que es un ámbito de la divulgación que se tiene un poco abandonado.

Todos sabemos que las crías de los mamíferos aprenden jugando. Juegan a cazarse, morderse, saltar, etc, para cuando sean adultos y necesiten estas habilidades para sobrevivir. Y los humanos no somos menos, obviamente.

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Crías de león y de chimpancé. Fotos de Tambako the Jaguar.

Queramos o no, el juego es parte de nuestras vidas y cada vez hay más adultos que se dan cuenta y no lo restringen a cuando eran niños. Arriba he puesto el ejemplo de dos juegos de mesa, pero hay más. Por ejemplo:

  • The New Science, en el que controlas a uno de los mejores científicos del siglo XVII (a elegir entre unos cuantos) para conseguir hallazgos, investigar, publicar papers, etc. Además tiene una expansión, Fantasy Scientists, con más científicos, entre los que hay Einstein y Darwin;
  • On the Brink (expansión de Pandemia), en el que se añade al juego a un bioterrorista, que añade complejidad a la gestión y cura de las enfermedades;
  • Compounded, en el que coges átomos al azar para crear compuestos antes que los demás, evitando que ti “laboratorio” explote por una combinación errónea;
  • Strain, en el que tiener que completar células con sus orgánulos y citoplasma, evitando que los demás te destruyan la célula con toxinas y otros elementos;
  • Parasites Unleashed, un juego de cartas que recrea los ciclos de vida de los parásitos, con descripciones de acciones que hay que hacer par llevarlos a cabo;
  • Bone Wars consiste en conseguir ser el paleontólogo que más huesos encuentra y más esqueletos consigue completar;
  • ¡Go extinct!, en el que se trata de completar grupos evolutivos para llenar los árboles evolutivos.

Ciencia con un mando

Pero la cosa no debería quedarse ahí. Teniendo en cuenta que cada vez se juega más a videojuegos, ¿por qué no lo aprovechamos? Es un nicho aún menos explotado.

¿Os imagináis jugar a la play 4 algo sobre la segunda guerra mundial en el que se necesitara crear la bomba atómica, con la figura del científico enseñando al protagonista qué información científica debe coger del enemigo para poder desarrollar esa arma? ¿O estar con la Nintendo 3DS con un Pokémon que en vez del lema “Atrápalos a todos”, sea “Protégelos a todos”?

Fijaos que los casos que he puesto no son juegos educativos al uso o juegos simples que te puedes encontrar en algunos portales en internet, como Science Game Center, sino juegos comerciales, que son los que tienen más salida.

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Niño jugando a la Play. Foto de Bea Represa.

En estos juegos es en los que se podría añadir la ciencia y sus conceptos, ya sea de forma secundaria y sutil, necesarias para el entendimiento de la trama, o de forma principal, imprescindibles para el progreso del juego.

Quizá es éste segundo tipo en el que se deba profundizar más, pues el jugador aprende ciencia mediante la experimentación.

Así, no aprende leyendo o viendo, de forma pasiva, sino actuando y haciendo, mostrando una actitud más activa en el proceso de conocimiento de los aspectos científicos que aparezcan. Creo que queda claro decir que el learning by doing, implica que la ciencia sea también secundaria y sutil en la trama del juego.

Éste conocimiento que deriva del juego y de su experimentación, crea la diferencia de transmisión entre los videojuegos y otros medios audiovisuales.

Jugando con la ciencia de verdad

Otros videojuegos no solo se quedan en la divulgación de la ciencia mediante su simple captación o su aprendizaje con la experimentación, sino que dan un paso más allá y sirven realmente para conseguir avances científicos.

Ejemplos como Foldit, en el que tienes que doblar proteínas para conseguir propiedades concretas, o EteRNA, en el que debes mantener una molécula de RNA estable en diversas formas, son juegos tipo puzle que lo que pretenden es buscar nuevas configuraciones que se puedan replicar de verdad en un laboratorio.

Estos ejemplos relacionan los juegos y los proyectos científicos reales, añadiendo un componente de gamificación a la ciencia ciudadana, pues todos los usuarios ayudan al desarrollo de la investigación.

 

Es posible que no todo el mundo juegue a juegos de mesa ni a videojuegos y que no todos los que lo hacen buscan aprender algún conocimiento de ciencia. Pero no por eso se debe obviar este medio.

Divulgar jugando es una manera entretenida de adquirir un conocimiento o, al menos, saber que existe. Claro que con un Trivial también se puede hacer eso, pero si al juego le das una capacidad de jugabilidad mayor, que aporte algo más, es un punto a su favor.

Y si encima consigue que los chavales se sientan atraídos por la ciencia, mejor que mejor.

DH

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2 comentarios el “Con la ciencia SÍ se juega

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