Las partículas me hablaron

Esta es la cuarta carta de Fe a Gaia. Tengo que agradecer la revisión científica a Fer, y la literaria a Fer, también, y a Isa, de MAB. En la anteriores cartas hablé de orígenes: del universo, de la vida, de los organismos complejos… Ahora toca cambiar de disciplina.

Y ya sabéis, quiero vuestros comentarios dando la respuesta a la temática de esta carta 🙂

Os dejo con ella.


“Querida Gaia,

Hubo una vez que hablé con un vaso de agua. Y me contó de qué estaban hechas las cosas…

Debía de tener unos 6 años y estaba en la mesa comiendo un plato de macarrones con una salsa de tomate y carne deliciosa. Entonces, vi que mamá (tu bisabuela) preparaba otro plato de macarrones: cogió la olla, la llenó de agua, la puso a calentar y, cuando salía humo, añadió los macarrones. Me fijé que los suyos estaban duros, pero yo los comía blandos. Y le pregunté:

– Mamá, ¿por qué los macarrones que tú tienes son duros y los míos son blandos?

Mamá se giró, sorprendida por la pregunta. Luego sonrió y me contestó:

– ¡Tan pequeño y tan observador! Cuando se hierven los macarrones, su estructura cambia. Es como al agua. Puede estar en forma de cubitos de hielo, como en la jarra de la mesa, o en forma del humo que sale de la olla, que se llama vapor de agua. Los tres son lo mismo: agua, pero en un estado diferente.

Me cayó el cubierto al plato y me manché. Mamá se acercó y me limpió, mientras yo aún me recuperaba del shock: el hielo, el humo (perdón, el vapor de agua) y el agua son lo mismo. ¿Cómo es posible? Se lo pregunté a mamá. Me miró, pero no contestó y se fue de la cocina.

Estaba intentando entender lo que me acababa de decir, cuando oí una voz, muy flojita y aguda:

– Psst, psst. Aquí, mírame, en el vaso.

En ese momento pensé que me había vuelto loco: ¿un vaso me hablaba? Pero con la inocencia de un niño como era, mi imaginación voló y le pregunté al vaso si podía hablarme.

– Claro que puedo. Pero no soy el vaso, soy el agua del vaso. Quiero que sepas porque yo soy lo mismo que el hielo y el vapor de agua. Por eso debes hablar con los señores Quim.

Como no sabía quiénes eran estos señores, pedí que me repitiera el nombre.

– Con los señores Quim. Te están esperando.

No entendía nada, así que insistí un poco sobre ellos.

– Eres demasiado preguntón chico…- el agua del vaso se estaba impacientando.- Ahora calla y presta atención. No todo el mundo tiene la oportunidad de hablar con los señores Quim.

Me picó la curiosidad de saber quiénes era los señores Quim. Esperé en silencio para conocerles. Y esperé, y esperé. Hasta que me harté… justo en el momento en que oí un susurro. Era algo como el fru-fru de las hojas muertas en el suelo moviéndose con una suave brisa.

– Eres más paciente de lo que pensábamos, niño – dijo el susurro.

– Realmente pensábamos que no ibas a aguantar – comentó otro susurro.- Somos los señores Quim: yo soy Antoine y la otra voz es John. Un placer.

Me quedé quieto un rato, buscando el origen de las voces, sin encontrarlo.

– No te molestes en buscarnos. Mires donde mires, allí estaremos – dijo John.

– Y esto es debido a que formamos parte de todas las cosas – siguió Antoine.

Les pregunté que cómo era posible que pudieran formar parte de todas las cosas.

– Interesante pregunta, chico – repuso Antoine.- Mira, todo está formado por partículas más pequeñas. Tan pequeñas que no puedes llegar a verlas.

– Y hay una que es la más pequeña de todas, con propiedades concretas y que no puede desaparecer mediante ninguna reacción– dijo John.- Bueno, realmente no es la más pequeña, porque está formada por tres particulitas aún menores: una negativa (que no para quieta), otra positiva y una última neutra (estas dos siempre juntas). Pero estas tres no tienen las propiedades que la hacen ser oficialmente “la más pequeña”.

– Cada cosa en el universo, tiene un tipo concreto de partícula– continuó Antoine.

– Y lo que define la partícula de una cosa, es la particulita positiva – concluyó John.

Para comprobar que lo había entendido, les dije que así todo estaba formado por partículas y que cada cosa tenía un tipo de partícula concreta. Y luego supuse que entonces habría una para el agua, otra para la madera y así sucesivamente.

– La primera parte es correcta. Pero la segunda no – contestó John.

– Ahí es donde se complica un poco – apuntó Antoine.- Muchas cosas son compuestos formados por distintos tipos de partículas, que generan unas propiedades concretas y diferentes a cada partícula por sí sola.

– El agua, por ejemplo, está formada por dos tipos distintos de partículas, en proporción 2 a 1 – continuó John.

¿Así que el agua está formada por una partícula de un tipo y por dos de otro tipo, y que así se genera el compuesto que define sus propiedades?, pregunté.

– Correcto – contestó Antoine.- La madera y el oro, por ejemplo, son compuestos distintos al agua porque sus partículas son distintas. Y para complicarlo aún más, las partículas se unen de diferentes maneras para formar distintos tipos de compuestos.

Esto de las uniones me confundió un poco, así que repetí lo de que cada compuesto dependía de los tipos de partículas que tenía y de los tipos de unión entre ellos, para comprobar si lo había entendido.

– Antoine, este chico es listo. Ahora entiendo porque el agua le ha hablado – dijo John.

Al decir esto, me asaltó la duda inicial: ¿qué diferencia hay entre el agua, el hielo y el vapor?

– Justo te íbamos a explicar esto – dijo John.- Depende de la fuerza de las uniones. Unas uniones más fuertes dan lugar a un compuesto que crea una sustancia más dura, que es difícil que se deforme o se fragmente.

– Y unas más débiles, dan lugar a compuestos que se pueden adaptar a un recipiente, que fluyen, y de las que hay dos tipos distintos – continuó Antoine.

Resumiendo, que hay tres tipos de compuestos, dije.

– Bueno, no serían tipos de compuestos, sino estados de los compuestos– me corrigió Antoine.- Y hay más de tres.

– Estos estados varían según la temperatura o la presión – añadió John.- Por este motivo el agua (que es de unión débil) se vuelve hielo (unión fuerte) cuando se enfría y se vuelve vapor (unión muy débil) cuando se calienta.

Entonces, comenté, se puede pasar de un estado a otro cambiando la temperatura y/o la presión. Y añadí que la madera, cuando se calienta, provoca fuego… ¿Ése es un estado de unión más débil de la madera?

– Mmm… Digamos que hay sustancias más complejas que otras – sentenció John.

Supuse que la explicación era demasiado compleja para mí. Me dolió reconocerlo, per acepté que no me lo iban a contar.

– No te preocupes, con el tiempo lo entenderás todo – me tranquilizó Antoine.- Creo que solo queda comentar una cosa: a veces, los compuestos interaccionan entre ellos, sean del mismo tipo o no.

– Estas interacciones pueden ser como el amor, perfectas y armoniosas, o como la guerra, bruscas y explosivas – siguió John.- Y el resultado de ellas son otros compuestos.

– Esto es lo que le pasa a la carne cuando se hace a la plancha – dijo John.- Con el calor, el aceite y la carne interaccionan, descomponiendo algunos compuestos originales y formando otros. Aunque si te pasas con el calor, lo que haces es destruir todos los componentes, de manera que quemas la carne y se queda negra.

Iba a responder si también había interacciones en la transformación de los macarrones, pero no pude hacerlo. Justo en ese momento volvió mamá a la cocina y las voces de John y Antoine desaparecieron.

– ¿Con quién hablabas, hijo?

– Con nadie mamá – mentí, disimulando mal. Y para evitar más preguntas añadí.- Ah, ya sé la diferencia del agua, el hielo y el vapor de agua: la fuerza de las uniones de sus partículas, que cambian con la temperatura.

Mamá me miró, estupefacta. Se quedó con la boca abierta, mientras la cuchara con la que removía los macarrones de la olla iba manchando el suelo de salsa de tomate y carne.

– Pues sí, hijo. Toda la razón. Aunque no sé cómo has llegado a saberlo sin que te lo haya dicho – y añadió.- ¿Y también sabes porqué se vuelven blandos los macarrones?

Todo el orgullo de haber sorprendido a mamá, se desinfló de golpe. Le respondí que no lo sabía, aún. Y miré al suelo, abatido. Por suerte, ella se acercó, me abrazó y me susurró:

– Sé que algún día lo sabrás. Y estoy segura que será pronto- me besó y me dijo.- Venga, ve a limpiarte los dientes y podrás salir a jugar.

Le di un beso y las gracias por la comida y me fui. Cuando salí de casa, ya no me acordaba de los macarrones.

Un tiempo más tarde, descubrí el secreto. Aunque también descubrí que no todas las personas lo sabían. Y apostaría que entre ellas está una persona que intenta descifrar una carta mientras los come con una salsa de tomate y carne deliciosa.

Con cariño y amor,

Tu abuelo Fe.”

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4 Comments on “Las partículas me hablaron

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