Y aprendieron a seleccionar

Esta es la 6ª carta de Fe a Gaia. Se podría considerar que esta carta es un anexo de la anterior, donde explicaba con un ejemplo ficticio cómo es el funcionamiento básico de la evolución. Sobre todo, porque los protagonistas salieron en la carta anterior.

En esta ocasión me interesa mucho que contestéis a la última pregunta. Básicamente por dos motivos: significará que habréis entendido el concepto principal que quiero mostrar y me servirá para saber si opináis como yo.

“Querida Gaia,

Supongo que te acordarás de la historia de Mischief, de sus descendientes y de cómo fueron cambiando con el tiempo. Sobre todo me interesa que tengas en mente que se necesita mucho tiempo para observar los cambios explicados. Teniendo en cuenta esto, quiero contarte una historia sobre lo que pasó con los caballos antílope originales.

Hubo una vez en que los caballos antílope fueron desapareciendo porque se cazaban por su carne. Pero no desaparecieron todos, ya que los primeros hombres se dieron cuenta de que podían criar a sus propios caballos antílope, en vez de cazarlos.

Uno de ellos, más astuto que los demás, se dio cuenta que si cogían a unos cuantos individuos y conseguían que se reprodujeran, tendrían tantos animales como quisieran. Así que se lo dijo a su tribu y fueron a capturar vivos los caballos antílope.

Capturaron 10 individuos, todos machos. Se dieron cuenta de su error cuando vieron que no conseguían tener crías, así que fueron a capturar algunas hembras. Al final, tuvieron 10 machos y 2 hembras.

En un principio les fue complicado controlar a esta manada, ya que los animales tendían a escapar y era complicado moverse de un territorio nuevo a otro. Por este motivo, decidieron asentarse en un lugar y mantener la manada en una especie de cercado, para evitar que escaparan.

Cuando llegó la época de apareamiento, los machos cambiaron de actitud, se volvieron más agresivos y empezaron a pelearse entre ellos. Un hombre murió aplastado por una coz que le dio uno de los machos. No tuvieron más remedio que sacrificarlo, mientras hacían nuevos cercados para separarlos todos.

Para conseguir que criaran, dejaban que un macho entrara de vez en cuando en el cercado de las hembras. Aun así, no conseguían que los machos se calmaran del todo, de manera que seguían dando algunos problemas.

Por suerte, la tribu empezó a tener crías de caballo antílope, de manera que se olvidaron del comportamiento agresivo y se centraron en alimentar a los potros, para que crecieran fuertes y pudieran rápidamente tener nuevos descendientes.

Con el tiempo, consiguieron reunir una manada importante. Pero esto no hizo otra cosa sino que aumentar el problema del comportamiento. Un día, una niña se fijó que algunos de los machos eran menos agresivos que los otros y le preguntó a su padre porqué había esa diferencia. El padre no supo contestar y le dijo que no le preguntara cosas absurdas.

La pregunta de la niña siguió en la mente del padre, hasta que un día decidió comprobarlo. Su hija tenía razón: algunos machos eran más tranquilos. Y vio más aún: los hijos de estos machos tranquilos, también lo eran.

Habló con el resto de la tribu sobre el hallazgo. Tan solo el hombre astuto que convenció a la tribu para criar caballos antílope se puso de su lado, pero fue suficiente para que hicieran la prueba: ellos dos cogerían a los machos más tranquilos, los harían convivir juntos con unas hembras y los harían criar. Mientras tanto, el resto de la manada quedaría tal y como estaba.

Los dos hombres mostraron los resultados en el siguiente período de apareamiento: todos los individuos podían convivir juntos. Además, se podían acercar a los animales sin que estos reaccionaran excesivamente. Y para terminar de convencer a la tribu, enseñaron que los descendientes de los machos tranquilos eran menos agresivos que los descendientes de los otros machos.

Desde ese día, se concentraron en tener caballos antílope más tranquilos, eliminando a los agresivos y comiéndoselos o comerciando con ellos, pues su escasez los hacía muy valiosos. Tan valiosos que otras tribus se unieron a la tribu original para asegurarse carne de este animal, aprendiendo las técnicas de cría y ayudando en su cuidado.

Cientos de años más tarde, la tribu se había convertido en una ciudad, donde el comercio de productos relacionados con los caballos antílope era la base de la economía y los criadores de esta especie eran considerados los héroes de la sociedad: eran capaces de conseguir que las crías tuviesen las características que quisieran.

El experimento de conseguir que las crías fueran como uno deseaba y que empezó con el carácter tranquilo, se desarrolló hasta conseguir animales que daban una carne mejor o que tenían un pelaje más grueso, o hembras que proporcionaban más leche… Se empezaron a crear variedades que ofrecían distintos tipos de ventajas para el hombre y que se alejaban tanto del caballo antílope original que eran incapaces de sobrevivir en estado de libertad.

Con el paso de cientos de años más, la sociedad dejó de prestar atención a la cría de caballos antílope, pues los avances tecnológicos ofrecieron la oportunidad de dedicarse a otros oficios más modernos. De hecho, uno de los avances tecnológicos permitió conocer la presencia y la estructura del principio transformante, un ácido presente en todo ser vivo que le hacía ser lo que era y que se transfería desde los progenitores a los descendientes.

Aunque la autoría del hallazgo nunca quedó clara, fue un hecho crucial que dio el pistoletazo de salida a nuevas técnicas: conocer el orden de escritura del principio transformante, replicarlo en grandes cantidades o llegar a mezclar los principios de diferentes especies. Esto permitió que las personas que dominaban estas técnicas se acercaran al rango de dios: capaces de crear criaturas nuevas; como caballos antílope con medicamentos en su leche o con mayor resistencia a enfermedades.

Toda esta ola de nuevas tecnologías alrededor del principio transformante desencadenó un conjunto de dudas éticas que frenaron su avance. ¿Se puede crear todo? ¿Dónde está el límite? ¿Es seguro comer los animales creados? ¿Qué diferencia hay entre crear un animal por selección de los padres y crearlo por modificación de su principio transformador?

Dudas que siguen existiendo actualmente y que deben de estar pasando por la cabeza de una jovencita que no se cansa de leer las cartas que le escribió su abuelo.

Con cariño y amor,

Tu abuelo Fe.”

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2 comentarios el “Y aprendieron a seleccionar

  1. Creo que no, no se puede crear todo. ha de ser mas importante aplicar el sentido común que no las ganas de experimenyat y crear algo nuevo sin preocuparse poe el resultado, las consecuencias….
    en cuanto a la seguridad alimentaria es difícil saberlo, sa tendria que esperar varias generaciones y ver como les ha afectado.
    Una cosa es la evolucion natural de una especie y otra muy distinta es la manipulacion de dicha especie al capricho del creador .
    Esperando tu siguiente carta,.

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