Más implica menos

Hoy toca nueva entrega de las cartas de Fe a Gaia. Que sepáis que ya no quedan muchas por escribir y que estoy empezando a trabajar en la historia que ocurrirá entre cada carta que lea Gaia. Espero que esto os anime a leer esta carta (y las demás si no lo habéis hecho), que es verano y hay tiempo libre 🙂

Como siempre, espero vuestros comentarios, a ver si podéis averiguar los conceptos científicos que aparecen. Muchas gracias.


“Querida Gaia,

Hubo una vez que los bosques fueron el mundo. Todo estaba lleno de árboles. Hasta donde alcanzaba la vista se veía una masa verde, uniforme. Y justo debajo estaba lleno de vida, tanto animal como vegetal.

Las copas de los árboles cerraban la luz, tan solo dejando algunos resquicios que llegaban al suelo, donde competían las plantas más pequeñas que no llegaban arriba. Los animales estaban adaptados a esa penumbra, fuera porque tenían unos ojos capaces de captar la poca luz o porque podían guiarse mediante otros sentidos.

Todo el sistema funcionaba, no se desperdiciaba ningún recurso. La gran variedad de seres vivos ofrecían una resistencia enorme. Cuando algún desastre acaecía, la vida lograba sobreponerse, recuperando la zona afectada, fuera con las mismas especies o con nuevas, daba igual.

De todos los seres, había un animal que actuaba como súperdepredador: el animal que come otros depredadores, pero que nadie lo depreda a él. Estos animales suelen ser importantes en el sistema, pues controlan las especies que sirven de presa. En este sistema, los dragones controlaban los bosques.

Drakontos era un dragón normal, no tenía un tamaño exagerado, ni tenía un territorio muy amplio. Pero poseía unas capacidades cerebrales únicas, pues era capaz de prever cuando faltaría comida para capturar más y almacenarla. Además, había descubierto una nueva manera de cazar: quemar parte del bosque dejando claros que muchas especies visitaban en busca de Sol, creando una trampa donde capturar las presas.

El hallazgo fue pura casualidad: un día, volviendo de una jornada de caza infructuosa, rugió de frustración y lanzó una llamarada hacia el bosque, dejando una zona quemada y pelada. Al día siguiente, al volver a pasar por el sitio, se sorprendió al ver a pequeños animalillos justo ahí, comiendo el poco material tierno que quedaba entre las plantas quemadas, así como otros que estaban quietos calentándose al sol.

Lamentablemente estos animalillos eran demasiado pequeños para su interés. Pero al volver hacia su guarida, encontró justamente sus presas dando caza a los animalillos y no se lo pensó dos veces para capturarlas y comérselas. A partir del día siguiente, empezó a usar esa técnica para cazar diariamente.

De esta manera, el bosque de Drakontos empezó a llenarse de claros donde llegaba mucha luz con la que atraía a sus presas. Otros dragones aprendieron la técnica y cada vez más individuos empezaron a usar la quema parcial del bosque para generar claros donde alimentarse. A Drakontos le valió también para atraer a distintas hembras con las que aparearse y tener descendencia.

Sucedió que las hembras fecundadas por dragones que creaban claros, tuvieron más de una cría, pues los machos estaban mejor alimentados y tenían un esperma más potente. Teniendo en cuenta que los dragones solo tenían un descendiente, el hecho que estos machos fecundaran a más de una hembra y que estas tuvieran más crías provocó que hubiera más dragones en el mundo. Y esto provocó que más dragones cazaran a más presas y que quemaran más partes del bosque.

En un principio, los bosques fueron capaces de aguantar las quemas, puesto que el sistema era resistente, capaz de regenerarse poco a poco. Pero con el tiempo, la ingesta masiva de presas y la disminución de los bosques provocó que el clima se volviera más seco y con esto que hubiera menos lluvias con las que captar agua por parte de los bosques, de manera que se aceleró su desaparición.

Los dragones cada vez tenían que hacer viajes más largos para encontrar comida, entrando en los territorios de otros dragones. En esta situación, Drakontos se encontró que aumentaban los encuentros con otros individuos de su especie y que la tensión entre ellos aumentaba, pues cada vez había menos presas para alimentarlos y estaban hambrientos.

Desesperado por encontrar comida, Drakontos empezó a robar las presas en los claros de otros dragones, hasta que llegó un día que en una pelea por un pequeño mamífero, mató al dragón propietario del claro. Sin pensárselo, lo devoró. Y así empezaron los dragones a comerse los unos a los otros.

Cuando Drakontos se dio cuenta de lo que había ocurrido, fue demasiado tarde: tantos claros habían provocado la desaparición de los animales que iban allí, disminuyendo la cantidad de estos en los bosques. Como había menos depredadores intermedios, las presas pequeñas prosperaron y se alimentaron de los bosques, acentuando su desaparición iniciada por las quemas. Además, como había menos plantas, captaban menos dióxido de carbono, con lo que el clima se calentó y se secó, acentuando aún más la desaparición de las zonas verdes.

Pero realmente, todo esto se hubiera evitado si la especie más grande no hubiera alterado su estatus: con su baja población, los dragones controlaban a sus presas, que a la vez eran depredadores de presas más pequeñas que se alimentaban de los bosques, pero no las extinguían, manteniendo así un equilibrio. El aumento excesivo de dragones, producido por una obtención mayor de recursos, provocó una disminución de sus presas hasta hacerlas desaparecer. Si los dragones hubieran conseguido alimentarse luego de los animales que comían los bosques, se hubiera conseguido mantener el equilibrio, pero no fue así.

Drakontos terminó muriendo de hambre, como el resto de los dragones. Pero no fue el fin de los bosques. Los pocos animales intermedios que quedaban consiguieron salvar los pocos bosques ya que controlaron las poblaciones de los animales que comían plantas. Así, los bosques fueron regenerándose, pero el mundo cambió: se mantuvieron algunos claros donde evolucionaron distintas plantas y animales, adaptándose a las nuevas condiciones, dando lugar a más variedad de organismos.

Los dragones podrían haber evitado el colapso y su extinción si hubieran migrado hacia otro lugar con comida, como está haciendo una población donde hay una chica que lee cartas. Aunque también es verdad que quizá no todos los dragones hubieran querido irse y hubieran preferido aguantar en su mundo natal o quizá no tenían adonde ir.

Con cariño y amor,

Tu abuelo Fe.”

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