El ecosistema que vive en nosotros: Microbioma Humano

Llevo tiempo queriendo escribir un post sobre el microbioma y el impacto que tiene en nuestro organismo. Seguramente, este interés viene porque actualmente conozco unas cuantas personas con problemas intestinales y los médicos no saben encontrar una razón. Aun así, no les han dicho mucho sobre su flora intestinal, incluso haciéndoles pruebas de heces. Creo que por este motivo he buscado información sobre el tema y he escrito esta entrada y la de la semana que viene.

Desde hace unos años, la microbiología ha empezado a estudiar detenidamente el microbioma. De hecho, su estudio es uno de los campos científicos que más está avanzando actualmente, hasta tal punto que en 2007 se creó un proyecto internacional llamado “Microbioma Humano” (análogo al proyecto Genoma Humano de finales del siglo pasado y principios del presente), para conocer en profundidad la composición, estructura, funciones y relaciones con el cuerpo humano.

El microbioma es definido por el conjunto de organismos (bacterias, virus, hongos, arqueas y eucariotas) que viven tanto dentro como fuera de nuestro cuerpo. Es tan grande que todo junto puede llegar a pesar entre 1 kg y 1’5 kg, tiene más células que nuestro cuerpo (he llegado a ver que la proporción es de 3 a 1 o, incluso, de 10 a 1) y mucho más material genético (aquí la superioridad respecto al genoma humano es de 300 a 1). Se considera tan importante para el ser humano que algunos los consideran un órgano más.

La primera parte del programa Tres14 sobre Bacterias habla de estos organismos y la relación con la salud, así como de los enterotipos.

El desarrollo del proyecto Microbioma Humano ha permitido saber que tan solo en el intestino pueden existir más de mil especies de organismos, aunque de media una persona tenga unas 160. Además, también ha permitido diferenciar tres tipos de composiciones bacterianas (conocidas como enterotipos) en la población humana.

El Enterotipo I está formado principalmente por Prevotella y es característico de personas vegetarianas, de personas con una dieta con alto contenido de carbohidratos y de sociedades tradicionales, como las tribus indígenas sudamericanas. Aunque posteriores estudios en sociedades cazadoras-recolectoras, han demostrado que tienen altos porcentajes de un género de bacterias llamado Treponema, así como de una ameba parásita (Entamoeba), y bajo contenido de Prevotella.

El Enterotipo II está definido por la presencia de Bacteroides, presente principalmente en China y Estados Unidos. Es típico de dietas basadas durante tiempo en grasas y proteínas, como las típicas del mundo occidental. De hecho, este enterotipo está relacionado con obesidades malignas, es decir, las que comportan mayores riesgos para la salud de las personas.

dieta

La alimentación afecta a la composición de nuestra flora intestinal, parte del microbioma. Una dieta a base de grasas y proteínas es típica de la gente que tiene un enterotipo II. Imagen de Michael Stern.

Finalmente, el Enterotipo III está definido por Ruminococcus y Methanobrevibacter, siendo un tipo intermedio entre los dos anteriores, pero más cercano al II que al I. De esta manera, vemos que los enterotipos y, por tanto, la flora intestinal (la parte del microbioma que vive en los intestinos) depende principalmente de la dieta, y esto que un 20% de ella varía cada día.

Conociendo la elevada diversidad de organismos que forman el microbioma (aunque se desconoce en profundidad), se puede ver que funciona como un ecosistema muy dinámico, con especies que dominan y que configuran el hábitat, como si de un bosque o de una pradería se tratara. Siguiendo con la analogía, cualquier acción externa puede provocar un cambio drástico que implique la pérdida de unos microorganismos concretos y el aumento (y hasta dominio) de otros que eran completamente minoritarios.

Y una de estas acciones externas más habituales es el uso de antibióticos. Los antibióticos se llevan usando de manera global desde la Segunda Guerra Mundial, mejorando la vida de los seres humanos al permitir la cura de muchas enfermedades que antiguamente eran mortales. Tal y como su nombre indica, matan a los agentes bióticos, principalmente a las bacterias dañinas.

Su función no fue discutida hasta recientemente, pues no ha sido hasta hace unos años que todas las bacterias se consideraban dañinas. Actualmente, y más con el proyecto Microbioma Humano en marcha, se está viendo que no todas las bacterias son perjudiciales y que algunas de las que lo son, también son beneficiosas en otras condiciones.

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Imagen de una muestra de bacterias del género Bacteroides. Fotografía de CDC/ DR. V.R. Dowell, Jr.

En este sentido, el uso de antibióticos puede alterar la composición bacteriana y, de hecho, lo hace. Pero suele ser un cambio reversible a la que se dejan de tomar los antibióticos. El problema viene cuando se abusa de estos medicamentos, pues se pierde diversidad en el microbioma.

De hecho, se está viendo que a cada generación que pasa, la diversidad del microbioma disminuye y esto parece estar relacionado con el uso (y abuso) de los antibióticos. Porque no solo se toman conscientemente, sino también inconscientemente, pues son usados como complementos nutricionales para que el ganado crezca más rápido y así poder vender su carne antes.

En diversos experimentos con ratones y en análisis del ganado, se ve que la toma de antibióticos produce un aumento de peso debido a una peor absorción de nutrientes, principalmente por tener menos bacterias en los intestinos. Y eso mismo sucede con las personas.

Se ha relacionado el aumento de trastornos metabólicos como obesidad o diabetes con la ingesta de antibióticos, además de con una dieta peor. Y no solo con estas enfermedades, sino también con enfermedad de Crohn o síndrome de colon irritable.

Ahora, hay que vigilar en empezar a demonizar a los antibióticos, ya que la cuestión es parar su abuso, no su uso. Los antibióticos han jugado y siguen jugando un papel fundamental en la medicina actual, y dejar de usarlos sería una responsabilidad muy grande.

DH

Para más información:

  1. Michael Specter (2012). “Germs Are Us”. The New Yorker [visitado 6/8/2015]
  1. NPR (2014). “Interview: Martin Blaser. Modern Medicine May Not Be Doing Your Microbiome Any Favors”. NPR [visitado 6/8/2015]
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