Tal y como pide Vladimir: Reflexiones del Campus Gutenberg 2015

En mi segundo año como asistente al Campus Gutenberg en Barcelona, mi visión de la comunicación científica ha cambiado, en el sentido que tengo más claro dónde quiero enfocar mi carrera en este ámbito profesional. Por este motivo, he ido buscando cosas más concretas y he seleccionado los talleres y laboratorios de ideas con más cuidado (he de reconocer que era más fácil porque había menos por escoger, cosa que no entiendo, aunque por suerte no ha afectado a la calidad).

Pero lo más importante que me quedo de esta edición, ha sido una de las frases que ha dicho Vladimir de Semir en la conclusión del campus: “Nos pasamos los días preguntándonos, ¿cómo vivimos de esto?”.

Principalmente se refería a las quejas, menores este año respecto al pasado, de que el sector de la comunicación científica está mal, que no hay trabajo y si lo hay está mal pagado, principalmente del lado de los periodistas científicos (aunque este artículo motiva a seguir adelante a cualquiera). Vladimir se ha quejado de que deberíamos parar de quejarnos, porque cansa. Y yo opino igual.

En tiempos de crisis todo el mundo se queja que el país está mal, que no hay trabajo, tanto a nivel general como a nivel de profesiones concretas. Da igual si es la restauración, la construcción o la ciencia (ya sea investigación o comunicación). Respecto a este último ámbito, hay que tener en cuenta que desde la Unión Europea se está potenciando su presencia para que la sociedad sea consciente de qué se está haciendo para solucionar problemas globales, principalmente en los llamados “Grandes Retos”.

Y esto es así porque tanto la ciencia, como su comunicación, son vitales para encontrar soluciones a estos retos (y no solo a nivel europeo). Además, la comunicación debe conseguir que se entienda la incertidumbre que genera la ciencia en ámbitos con estudios a largo plazo, con impactos “invisibles”, y que la sensación de riesgo derivada de ellos sea real, ni sobredimensionada ni infradimensionada (y evitar que se pueda llegar al caso catastrófico que publicó el New York Times).

Por este motivo, creo que no se debe caer en las quejas reiteradas, porque hay mucho trabajo por hacer. También hay que tener en cuenta que los comunicadores tenemos la obligación de hacer entender qué es realmente la ciencia, que no busca verdades y que “tan solo” ofrece respuestas temporales y refutables. Así que aún hay más trabajo.

Pero es que también hay que tener en cuenta que la comunicación científica ha evolucionado mucho desde sus inicios, así como el mundo que la rodea: ha cambiado el papel de los medios de comunicación, del ciudadano que recibe la información y de las políticas científicas; a los que hay que sumar cómo ha cambiado la comunidad científica para aceptar su rol en la comunicación y la divulgación, cómo ha tenido que reformarse y aprender nuevas aptitudes.

Porque la comunicación científica se ha profesionalizado, institucionalizado y se ha diversificado en tantas formas distintas, que cada uno puede encontrar su nicho particular y comunicar/divulgar/escribir/hablar/lo que sea de ciencia, creándose sus propias oportunidades de trabajo y pudiendo vivir de ello.

De hecho, se ha diversificado tanto que podemos comunicar mediante la ciencia ciudadana, que además permite dar poder a los ciudadanos gracias a los datos que ha generado con sus propias manos, o mediante la televisión, donde la ciencia se está infiltrando en distintos formatos (no solo series y películas, sino también programas tipo late night). Así, no hace obligatoria la presencia de un formato propio (tipo documentales).

El problema de tanta diversificación es que se pueden crear modas, variantes que duran poco porque la gente (y las personas con poder) termina perdiendo interés, generando burbujas temporales que terminan explotando. Para eso los científicos y los comunicadores deberíamos unirnos bien, crear un lobby como el de la cultura en España, hacer frentes comunes y ejercer presión en las esferas importantes, clamando cada vez que se cometan errores, como la no cobertura de noticias científicas de alto impacto.

Así daríamos continuidad a la ciencia. Y así, además, saldríamos de las quejas internas, las que decimos entre nosotros que todo está mal, que no hay trabajo, que no hay dinero, que no hay ayudas, que no hay proyectos.

Por todos estos motivos hacen falta nuevas propuestas, tal y como pedía Vladimir justo después de su frase en el inicio del texto. Propuestas de gente que tire adelante y pueda vivir de ello, que pueda vivir de la comunicación científica. Propuestas que den esperanza.

Una esperanza a la que algunos nos aferramos para llevar a cabo nuestros propios proyectos, a los que queremos dedicarnos y de los cuales queremos vivir. Yo mismo los tengo: estoy creando una empresa de divulgación científica y estoy escribiendo un libro mezcla de divulgación y ciencia ficción. Por sacarlos adelante no quiero quejarme y quiero actuar, quiero hacer propuestas frescas y nuevas, tal y como pide Vladimir.

DH

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