Un mundo que vive

La última carta del abuelo Fe a Gaia está aquí. Algún día tenía que llegar, pero esto no quiere decir que sea el final. Ahora me centraré en escribir toda la historia que ocurre entre las cartas y espero poder traeros el libro relativamente pronto 🙂

Para este último número, quiero dar las gracias a mi buen amigo Fer, que se ha leído y releído la carta y me ha dado buenos consejos para conseguir el mejor resultado posible. Así que gracias Fer.

Como siempre, espero vuestros comentarios sobre la temática de la carta. Os dejo con ella.

“Querida Gaia,

Hubo una vez que alguien imaginó un mundo lleno de margaritas. Exclusivamente de margaritas. Había margaritas blancas, que reflejaban toda la luz del Sol. Y margaritas negras, que la absorbían toda. Había también miles, millones de margaritas de todos los colores. Amarillas, rosas, verdes, azules. En ese mundo imaginario podías encontrar margaritas de cualquier color. Las flores, absorbiendo más o menos luz, absorbían más o menos calor. Entre todas, regulaban la temperatura del planeta imaginario.

Aunque fue una simplificación exagerada, le sirvió para explicar lo que quería decir usando el lenguaje universal necesario para que el conocimiento se considere válido y cierto. Así, con este curioso lenguaje, quien creó el mundo de las margaritas quiso demostrar que el mundo estaba, en cierto modo, vivo; y propuso una hipótesis. Algunos consideran esta hipótesis algo más: una teoría, nada menos.

Esta hipótesis, o teoría, supone que la vida se autorregula, que mantiene al planeta donde está, en un equilibrio, creando un solo ser, que se podría llamar un planeta viviente. Todo lo que hay en el planeta interacciona mediante infinidad de procesos, y la materia fluye en diferentes estados y formas. Algunas sustancias, como el agua, el nitrógeno o el carbono,  pasan continuamente de un lugar a otro, del cielo a la tierra, del mar a la vida…

Es como si el planeta fuera un cuerpo vivo: con sus órganos, sus tejidos, sus células y su metabolismo. Así, si entendemos que una célula interactúa con otras células (ya sean vecinas o lejanas, de otros órganos) mediante distintos procesos, podemos comprender la complejidad de un planeta viviente. Y todo esto manteniendo un frágil equilibrio.

Cualquier alteración en el cuerpo de un ser vivo, puede provocar un fallo en un lugar insospechado, porque todo está interconectado y es dependiente. Ahora una célula del páncreas produce una sustancia y la envía a los intestinos para que haga una función concreta; o una célula de la raíz envía otra sustancia a las hojas para que hagan otra función. Pero si una de estas sustancias no llega, la función no se cumplirá, y esto puede causar un desbarajuste de todo el cuerpo.

Y en un planeta vivo pasa lo mismo. Ahora crece una especie y consume más de lo que toca, o ahora desaparece otra especie y ya no se absorbe tanta materia como se absorbía cuando existía. De esta manera, se crean desequilibrios que pueden destruir todo el sistema.

Pero como he dicho antes, siempre hay un equilibrio. Un equilibrio que actúa como corrector de estos errores, de estas disfunciones, para que todo vuelva al punto original o, al menos, que se genere un nuevo equilibrio.

De esta manera, queda claro que lo más importante es el mecanismo que mantiene el equilibrio, porque es el que evita que todo caiga hacia abajo, que todo se apague y aparezca el caos. Digamos que este mecanismo actúa contra un mecanismo contrario encargado de hacer que todo en el Universo tenga un destino y un final, pero siempre en la misma dirección: hacia el caos y la muerte.

Y cuidado con el día que el mecanismo que mantiene el equilibrio no funcione, porque el mecanismo contrario seguirá con su función imparable y no habrá nada que lo detenga, llevando la complejidad de la vida al estadio más simple, llevando todos los procesos que existen en los cuerpos a su completa parada y desaparición. Llevará lo activo a lo inerte, la vida a la muerte, lo complejo a lo simple, lo ordenado a lo desordenado.

Es posible que esta carta sea la más metafórica de todas, puesto que hablo de algo que puede englobar todas las otras cartas y de los mecanismos que rigen el Universo y, por tanto, la vida. Pero lo más importante es que lo que dijo la persona del mundo de las margaritas influyó en el nombre de cierta persona que lleva un tiempo leyendo ciertas cartas.

Con cariño y amor,

Tu abuelo Fe.”

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2 comentarios el “Un mundo que vive

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