Consecuencias insospechadas de la conservación de la biodiversidad

Las acciones humanas tienen impactos en el entorno. Creo que nadie puede negar esta afirmación. Al fin y al cabo, somos un animal como cualquier otro, dentro de una red compleja de interacciones entre diferentes especies llamada red trófica. Lo que hagamos tendrá implicaciones para nosotros y también para el resto de especies que comparten ecosistema (y planeta, teniendo en cuenta el alcance de las actividades humanas), ya sea de forma directa o indirecta.

Es de sobras conocido el impacto negativo que tiene el ser humano en el planeta. Somos una especie no sostenible, usamos demasiado recursos (tantos que consumimos lo que la Tierra provee en un año en menos de ese tiempo), cazamos a los animales más fuertes y a los grandes depredadores, alterando las dinámicas poblacionales y ecosistémicas y modificamos el ambiente según nos place, sin fijarnos en el impacto que puede tener para la biodiversidad (como el efecto de las plantaciones de aceite de palma en anfibios y reptiles). Eso sin contar el cambio climático, la contaminación y un largo etcétera.

Todas estas son acciones causadas por el ser humano para su propio beneficio y desarrollo. Su función teórica es generar más dinero para que todo el mundo pueda vivir bien (aunque los años han mostrado que en la práctica lo de generar más dinero no es para todos). Pero dejando de lado esto, el ser humano también intenta proteger el planeta, intenta compaginar ese desarrollo con la preservación de la naturaleza y las especies. En numerosos casos se ha conseguido el objetivo: recuperar un hábitat degradado, aumentar la población de una especie amenazada, evitar la extinción de otra, etc.

El lobo es un ejemplo de recuperación exitosa de un depredador en Yellowstone, pero algunos efectos causados por esta acción no se tuvieron en cuenta, como su impacto en las poblaciones de oso, también especie protegida, con las que compite por ciertos recursos. Fotografía de Cloudtail the Snow Leopard. (https://www.flickr.com/photos/blacktigersdream/6225213895/)

El lobo es un ejemplo de recuperación exitosa de un depredador en Yellowstone, pero algunos efectos causados por esta acción no se tuvieron en cuenta, como su impacto en las poblaciones de oso, también especie protegida, con las que compite por ciertos recursos. Fotografía de Cloudtail the Snow Leopard.

Desafortunadamente, aún desconocemos muchas cosas sobre las relaciones entre las especies y los ecosistemas, sobre cómo interactúan y cómo varían en función del cambio en una pieza que tenemos muy bien estudiada. Al fin y al cabo, haciendo una analogía con las fichas de dominó puestas en fila y que caen una tras otras, por mucho que conozcamos esa ficha al detalle, quizá cambiar algo en ella provoca otros cambios inesperados en las fichas posteriores, de manera que no caen como deberían o quizá ni llegan a caer.

Por poner un ejemplo: recuperamos una especie de depredador y conseguimos que su población mejore. Es un gran éxito. Pero luego nos damos cuenta de que ahora interfiere con una actividad humana, o depreda a otra especie protegida, o compite con otra especie protegida. Esto se ha planteado en Estados Unidos, con ejemplos en Yellowstone y la zona noreste del Pacífico. Ahí tenemos un conflicto con las personas que explotan un recurso o con las mismas agencias de protección de especies. ¿Qué hacemos? ¿Cómo gestionamos esta nueva problemática? Sabiendo esto, ¿cómo planteamos la recuperación de nuevas especies?

También en Estados Unidos se quiere recuperar la población de la serpiente nativa más larga del país, la Drymarchon couperi, en zonas donde ha desaparecido. Esta serpiente es el depredador principal en su ecosistema, unos bosques que han ido desapareciendo con el tiempo, y no tiene otros peligros que el hombre. Si se consigue recuperar su población, ¿cómo afectará a las demás especies? ¿Ocasionará problemas con otras especies protegidas como el caso de Yellowstone o el noreste del Pacífico?

Ejemplar de Drymarchon couperi, especie que se quiere reintroducir en Alabama y que se ha comparado con el lobo en Yellowstone por ser el depredador principal de su ecosistema. Fotografía de GTM NERR. (https://www.flickr.com/photos/gtmnerr/14960376776/)

Ejemplar de Drymarchon couperi, especie que se quiere reintroducir en Alabama y que se ha comparado con el lobo en Yellowstone por ser el depredador principal de su ecosistema. Fotografía de GTM NERR.

Otro problema que se puede plantear es que se tomen decisiones para proteger las especies que no siguen los estudios científicos. Aunque en este caso el problema no depende de la falta de información, sino de la gestión, es también importante destacarlo. Y, como ejemplo, es remarcable el del oso polar, especie protegida que está amenazada principalmente por la pérdida de su hábitat (la pérdida de hielo en zonas árticas) y que forma parte del convenio CITES, en su apéndice II, que regula su comercio.

El oso polar se puede cazar en Nunavut, Canadá. Esta caza no amenaza su supervivencia y, de hecho, es beneficiosa para el desarrollo socioeconómico de la región. La caza es una fuente de ingresos para las comunidades inuit, ya que actúan como guías y asistentes para los cazadores que vienen a buscar a esta especie de oso. Se calcula que cada oso cazado reporta a las comunidades inuit entre 10000 y 30000 dólares canadienses, aparte de comida. Esta actividad es su sustento.

La cuota está regulada por estudios científicos y por los conocimientos de las comunidades inuit. Aun así, el gobierno de Estados Unidos quiere que esta especie pase a la lista del apéndice I del convenio CITES, lo que implicaría la prohibición total de la caza y comercio de esta especie. En este sentido, el gobierno estadounidense prohibió en 2008 traer el trofeo de caza a su país, con lo que bajó el número de cazadores procedentes de Estados Unidos (que son la mayoría). Esto tuvo como efecto una disminución de los ingresos para las comunidades locales. Sabiendo esto, si se prohibiera del todo perderían su actual modo de vida.

El oso polar es una especie que está amenazada por la pérdida de hábitat no por su caza. ¿Es necesario prohibirla cuando no tendrá ningún efecto en la mejora de la especie y, encima, perjudicas a una comunidad humana? Fotografía de F. Tronchin. (https://www.flickr.com/photos/frenchieb/4112147399/)

El oso polar es una especie que está amenazada por la pérdida de hábitat no por su caza. ¿Es necesario prohibirla cuando no tendrá ningún efecto en la mejora de la especie y, encima, perjudicas a una comunidad humana? Fotografía de F. Tronchin.

Precisamente, el convenio CITES se hizo para proteger a las especies con un tráfico ilegal muy elevado, pero no funciona con especies que sufren una pérdida de su hábitat, como es el caso del oso polar. Los casos en que la aplicación del convenio ha funcionado han sido aquellos en los que la supervivencia de la especie en cuestión (aunque fuera construyendo granjas) ha conseguido dar valor económico a la población local, como los del cocodrilo del Nilo o el yacaré overo (una especie de caimán). Si las restricciones en su comercio son responsables y beneficiosas para las comunidades locales, la protección de las especies será más fácil. Como siempre, hay que implicar a las comunidades locales, porque si las medidas son vistas como imposiciones “de los blancos”, no hay implicación y la protección no funciona.

Estos ejemplos muestran que el equilibrio entre desarrollo humano y conservación de la biodiversidad forma un equilibrio muy precario, muy fácil de romper. Aunque hay que seguir luchando para que ambas cosas vayan de la mano (porque si no seguiremos con los efectos negativos comentados al principio), también hay que actuar partiendo del conocimiento que se tiene e intentando prever cuáles serán las consecuencias de nuestras acciones, por muy buenas y loables que puedan parecer.

En caso contrario, nos podríamos encontrar con el ejemplo extremo de los iluminados que soltaron visones americanos de sus granjas porque creyeron que vivirían mejor en libertad, sin darse cuenta de que estaban introduciendo una de las especies invasoras más problemáticas que existen, poniendo en riesgo a especies autóctonas como la gineta, el turón y, sobre todo, el visón europeo.

DH

PD: el llamado rewilding, es decir, la introducción de especies para recuperar funciones ecológicas perdidas en los ecosistemas por culpa del hombre, recientemente se ha puesto en duda, pues no siempre se pueden predecir las consecuencias de la introducción de nuevas especies en ecosistemas donde hace años que no está.

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