Esperanza anfibia

Hace un tiempo escribí un relato sobre una enfermedad que está diezmando las poblaciones de anfibios alrededor del mundo, afectando principalmente a las ranas. Esta enfermedad, conocida como quitridiomicosis, es causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis y en algunos casos provoca la muerte del 100% de los individuos afectados.

Su desarrollo parece ser óptimo entre 17 y 28 grados centígrados, motivo por el cual las mayores caídas han sido en zonas montañosas, húmedas y más frescas. Por encima y por debajo de este rango, el hongo no puede crecer correctamente o directamente muere.

Esta enfermedad afecta la piel de los anfibios, que son infectados por las esporas móviles presentes en el agua y que buscan huéspedes. Estas esporas, cuando crecen en la piel, obstaculizan la capacidad de respiración, hidratación, osmorregulación (regulación de la presión osmótica del cuerpo) y termorregulación que tiene la piel de estos animales.

La quitridiomicosis afecta a más de 700 especies en el mundo y ha sido el causante de la extinción de casi 200 especies. Como es originaria de Sudáfrica y se ha expandido por todo el mundo (por culpa del hombre), la IUCN considera al hongo causante una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. En Europa se encontró por primera vez en Madrid a finales del siglo XX.

Imagen en el microscopio del hongo Batrachochytrium dendrobatidis hecha por AJC. https://www.flickr.com/photos/ajc1/230830079/

Imagen en el microscopio del hongo Batrachochytrium dendrobatidis hecha por AJC

Recientemente se vio que hay otro hongo capaz de causar la enfermedad, perteneciente al mismo género que el primero, llamado Batrachocytrium salamandrivorans, y que afecta especialmente a salamandras y tritones. En este caso, se cree que proviene del este de Asia y se encontró por primera vez el año 2013 en Holanda, donde causó grandes mortalidades en las poblaciones de salamandra común (Salamandra salamandra).

Afortunadamente, se cree que hay algunas especies que pueden sobrevivir a la enfermedad, sea porque pueden vivir con una baja densidad del hongo, porque tienen una cepa no patógena de Batrachochytrium dendrobatidis o porque tienen microorganismos en su piel que limitan o inhiben el crecimiento del hongo. Aun así, se calcula que solo unas 50 especies de anfibios podrían sobrevivir a la epidemia de quitridiomicosis.

Para combatir esta epidemia, de momento no se han encontrado soluciones generales que ayuden a todas las especies ni curas totales para la enfermedad. Pero con el tiempo se han ido desarrollando algunos métodos que permiten la presencia de un pequeño rayo de esperanza.

Uno de los más importantes ha sido la erradicación por completo de la enfermedad en la Sierra de Tramuntana, en Mallorca, donde vive el ferreret o sapo partero balear (Alytes muletensis). Mediante una mezcla de antifúngicos en los renacuajos de la especie y una desinfección del medio natural, se consiguió eliminar la enfermedad.

Se cree que esta erradicación será para siempre, pero su extrapolación a otros lugares será difícil, puesto que las particularidades del lugar donde se llevó a cabo (área restringida) y la presencia de una sequía importante, favorecieron la erradicación de la quitridiomicosis en la Sierra de Tramuntana.

Ciclo de vida de Batrachochytrium dendrobatidis en los anfibios. Imagen de Brian Gratwicke. https://www.flickr.com/photos/briangratwicke/14115178249/

Ciclo de vida de Batrachochytrium dendrobatidis en los anfibios. Imagen de Brian Gratwicke

En España, también se están llevando a cabo otros proyectos para ayudar a las especies de anfibio, como el estudio de bacterias simbiontes que luego son inoculadas en la piel de los anfibios, la creación de vacunas para ciertas cepas del hongo (que han tenido éxito en el laboratorio, pero no en el campo) o la cría en cautividad.

Por otro lado, otra técnica que ha tenido un cierto éxito es el baño de anfibios en una solución que contiene el medicamento itraconazol. Este medicamento no elimina el hongo, ni lo mata, pero se ha visto que alarga el tiempo de extinción de las poblaciones afectadas en estado salvaje. De esta manera, se gana tiempo mientras no se tiene una cura completa para la enfermedad.

Aun así, si no se consigue parar la expansión de esta epidemia, es necesario que se tengan que centrar los esfuerzos en las especies con mayores perspectivas de supervivencia, como se pretende hacer en Panamá. El proyecto Panama Amphibian Rescue and Conservation Project publicó recientemente un artículo donde mostraba un cambio en los criterios de conservación de las especies.

El sapo partero común (Alytes obstetricans) es una de las especies más amenazadas por Batrachochytrium dendrobatidis, con disminuciones de las poblaciones de hasta el 80%. Fotografía de janofonsagrada. https://www.flickr.com/photos/janofonsagrada/9275848483/in/photolist-nn1kDq-fhv8yn-nn1vA9-nDuaSJ-nDd8HT-cRuu7W-88S1NQ-bnMBfS-9vC3pe-f8F9A8-dguxGj-depxfx-e5jprs-auTigX-cRuub9

El sapo partero común (Alytes obstetricans) es una de las especies más amenazadas por Batrachochytrium dendrobatidis, con disminuciones de las poblaciones de hasta el 80%. Fotografía de janofonsagrada

Sabiendo que no todas las especies de anfibios se pueden salvar y, para concentrar esfuerzos y recursos, los investigadores reelaboraron su lista de prioridades según los siguientes criterios: localización de una población fundadora adecuada (20 machos y 20 hembras), facilidad de cría en cautividad y extinción asegurada sin la ayuda del proyecto.

Aunque la mayoría de las especies con las que trabaja el proyecto no se vieron afectadas, sí que hubo cambios en algunas, que fueron quitadas o añadidas de los esfuerzos de conservación. Quizá este camino sea el que se tenga que seguir dentro de un tiempo con otros grupos animales.

Sea como sea, la lucha contra esta enfermedad que está acabando con los anfibios se antoja larga, ardua y complicada. Por este motivo hay tantos centros e instituciones implicados en la conservación de los anfibios y la erradicación de la quitridiomicosis.

En España encontramos grupos del CSIC y del Museo Nacional de Ciencias Naturales, así como pequeños centros como la Escola de Natura de Parets del Vallès (Barcelona), mientras que en el extranjero colaboran la Zoological Society of London, el Smithsonian Institute, el Imperial College de Londres, los zoos de Chester (Reino Unido), Cheyenne Mountain, New England y Houston (Estados Unidos), el Durrell Conservation Trust o el Gobierno de Montserrat.

DH

Para más información sobre la quitridiomicosis:

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