Animales que no saben estarse quietos

Una de las imágenes más habituales en los documentales son las grandes migraciones que hacen los herbívoros en África durante la estación seca, en busca de agua y alimento. Sobre todo se tiene en mente la visión de grandes manadas de cebras/ñus/el herbívoro que sea cruzando un río atestado de cocodrilos esperando un festín.

Esa es una de las dificultades a las que se enfrentan los animales que migran, pero tienen muchas otras. La migración no es un camino de rosas para quien la lleva a cabo: implica la renuncia de un lugar donde hay recursos para ir a otro en el que hay más. Obvio es que el lugar del que se van cada vez tiene menos recursos y eso comprometería su supervivencia si se quedaran.

Pero a lo largo de este trayecto, muchos animales comen muy poco o nada. A veces son miles de kilómetros buscando una nueva tierra en el que podrán compensar el esfuerzo hecho durante el viaje. Una tierra donde procrear o donde hartarse de comida, dependiendo del sentido del viaje.

Imagen de un ñu en migración cruzando el río Mara, donde los cocodrilos esperan ansiosos poder cazar alguno de estos animales. Fotografía de Ray Morris. https://www.flickr.com/photos/vidyo/6130346986/

Imagen de un ñu en migración cruzando el río Mara, donde los cocodrilos esperan ansiosos poder cazar alguno de estos animales. Fotografía de Ray Morris

Y es que las migraciones siempre tienen dos sentidos, porque hay dos tierras “prometidas” a las que ir y dos tierras de las que huyen, por decirlo de alguna manera. La dualidad de estas tierras siempre se da por el paso de las estaciones. Frío, calor, hielo, lluvia… Estos factores pueden convertir una zona que antes era apta en una no apta para vivir. Y lo más increíble es que los animales saben cuándo irse.

Aunque con el cambio climático cada vez lo tienen menos claro. Hay aves que llegan más tarde en primavera y se van más tarde en otoño (por poner los períodos de migración en Europa). Y eso provoca que se empiecen a desincronizar las épocas en las que hay comida y en las que los animales tienen crías. Cosa que implica una menor alimentación para las crías, que puede afectar al rendimiento a la hora de hacer la primera migración.

Pero ese no es el único problema al que se pueden enfrentar los animales que migran, puesto que el hecho de llevar a cabo viajes transnacionales implica que las normativas de protección de especies amenazadas o en riesgo no sean las mismas en cada lugar. Así que los esfuerzos por salvar una especie en un sitio, se pueden ir al garete si no se protege en otros lados.

En el mar y el océano también se dan migraciones, y no solo las de ballenas y anguilas, por poner dos ejemplos (aunque en el  caso de las anguilas su migración no depende de la estacionalidad, sino de su momento vital). Bajo el agua también se dan migraciones verticales, especies que se mueven por la columna de agua entre diferentes profundidades para comer y reproducirse.

Imagen de un lince ibérico (Lynx pardinus). Cuando son adultos, los linces ibéricos se mueven en un radio máximo de 40 kilómetros. Pero hay individuos capaces de recorrer mucho más territorio. Fotografía de jepeto. https://www.flickr.com/photos/92053692@N02/11801629204/in/photolist-pC2LXa-673L6m-n8Bxeh-7FKpNF-7RXVqi-7c8iNa-iYUjJ3-6nAfvx-iYUcGC-iYSrcA-4b4NpR

Imagen de un lince ibérico (Lynx pardinus). Cuando son adultos, los linces ibéricos se mueven en un radio máximo de 40 kilómetros. Pero hay individuos capaces de recorrer mucho más territorio. Fotografía de jepeto

Principalmente la llevan a cabo invertebrados marinos que se acercan a la superficie de noche a comer, porque esto también implica una menor presencia de depredadores, por ejemplo, y durante el día vuelven a hundirse en las profundidades. Con lo que tenemos un tipo de migración que no tampoco depende de la estacionalidad, aunque con una dinámica diferente que la de las anguilas.

También hay algunos desplazamientos que no se pueden considerar migraciones pero que también son búsquedas de ambientes más aptos, como puede ser el movimiento en una madriguera más o menos cerca de su entrada para captar más o menos calor o aislarse del frío. Este caso también dependería de un ritmo diario, como el de los invertebrados marinos.

Pero las migraciones y los desplazamientos buscando hábitats mejores o más comida o lugares donde procrear no son los únicos que pueden existir. En numerosas especies, se da un fenómeno conocido como dispersión juvenil. Es decir, los jóvenes, cuando se independizan, recorren grandes distancias sin un rumbo fijo, para terminar volviendo, o no, a su lugar de origen (si vuelven se les llama animales filopátricos, es decir, con una atracción hacia sus zonas de origen).

Esto es muy frecuente en rapaces como águilas o buitres, capaces de hacer miles de quilómetros en cuanto aprenden a volar bien y antes de asentarse en un lugar concreto. Pero no los es tanto en felinos como el lince ibérico, el cual se ha visto que es capaz de recorrer distancias entre cientos y miles de kilómetros (cosa que puede ayudar a encontrar nuevas zonas donde reintroducir esta especie, la verdad).

Imagen de una serpiente marina de vientre amarillo (Hydrophis platura, también conocida como Pelamis platura). Esta es la especie de serpiente marina que pisa menos tierra firme de todas: come, vive y se reproduce enteramente en el agua. Fotografía de Aloaiza. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pelamis_Platurus_Costa_Rica.JPG

Imagen de una serpiente marina de vientre amarillo (Hydrophis platura, también conocida como Pelamis platura). Esta es la especie de serpiente marina que pisa menos tierra firme de todas: come, vive y se reproduce enteramente en el agua. Fotografía de Aloaiza

También se pueden dar casos de movimientos involuntarios. Por ejemplo, hay una especie de libélula y una de serpiente marina que viven a lo largo y ancho del océano Pacífico y más allá (obviamente uno fuera del agua y otro dentro). Curiosamente, las poblaciones de ambos lados del océano de ambas especies son muy parecidas genéticamente, cosa que se explica por un intercambio frecuente entre los genes de ambos lados (separados por miles de kilómetros).

Teniendo en cuenta de que estamos hablando de una libélula, que tiene un tamaño pequeño, y de una serpiente marina que casualmente nada muy mal: ¿cómo pueden recorrer distancias tan largas? ¿Cómo un insecto puede volar y cruzar el Pacífico? ¿Y cómo un animal que nada mal puede ir de una punta a otra del mayor océano de la Tierra? Pues aprovechan las corrientes aéreas (incluso el viento de los huracanes) y marinas, respectivamente. Se dejan llevar (de hecho, la libélula tiene una superficie alar mayor de lo habitual que favorece el planeamiento).

Imagen de un charrán ártico (Sterna paradisaea). Este pájaro hace 80000 kilómetros al año en su viajes de ida y vuelta entre Groenlandia y la Antártida. Fotografía de themadbirdlady. https://www.flickr.com/photos/themadbirdlady/9112567895/

Imagen de un charrán ártico (Sterna paradisaea). Este pájaro hace 80000 kilómetros al año en su viajes de ida y vuelta entre Groenlandia y la Antártida. Fotografía de themadbirdlady

Es posible que este dejarse llevar, esta deriva, fuera lo que favoreciera la presencia de ciertas especies en islas, sean remotas o no. Flotando encima de un tronco o algo así. O creando estructuras para poder volar, como hacen unas arañas que crean una telaraña en forma de paracaídas y se dejan arrastrar por el viento.

Sea como sea, hay animales que su rango de movimiento es muy amplio o, al menos, implica una cierta variabilidad. Si seguimos entendiendo cada país, cada ecosistema, cada entorno, como una zona aislada de las demás, estamos trabajando mal la protección de muchas especies. Solo entendiendo la interrelación de todos los ambientes, todas las zonas, todos los hábitats, podremos conseguir preservar este planeta de una manera decente.

No evitaremos dejar nuestra huella, no recuperaremos hábitats perdidos, pero al menos evitaremos causarle más daños. Pero tenemos que trabajar todos juntos, desde Groenlandia hasta la Antártida (sí, hay un pájaro que hace esta ruta, el charrán ártico), si queremos que la mayoría de las especies puedan sobrevivir a nuestro impacto como especie hiperclave.

DH

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