Antecedentes de la divulgación científica española

Sabemos que la ciencia en España no pasa por sus mejores momentos. Es cierto que hay investigadores muy buenos, algunos de los cuales son referencias mundiales en su campo (de hecho esta semana se ha anunciado que hay un español, un astrofísico catalán, en la lista de las 10 personalidades más destacadas de 2016 según Nature), pero hace unos años, la situación era bastante mejor. Y por lo que respecta a la divulgación y comunicación de la ciencia, el panorama es peor aún (ambas cosas están ligadas, obviamente). Pero no quiero ser negativo, que suficiente tenemos.

No, lo que hoy quiero comentar es que, aunque la situación es la que es, en España siempre ha habido gente con voluntad de cambios. Pioneros que querían un presente y un futuro distintos, más parecido a lo que se veía en el resto de Europa y en Estados Unidos. En este sentido, la ciencia siempre se ha empeñado en querer hacer avanzar la sociedad. Por este motivo, quiero presentaros la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias.

Es posible que a algunos ya os suene y conozcáis esta asociación, pero otras personas quizá no, sobre todo si no estáis vinculadas con el ámbito científico. La AEPC fue pionera en España por su voluntad de acercar la ciencia a la sociedad, aunque no lo fue en el resto de Europa ni Estados Unidos, lugares donde hacía décadas o incluso siglos que tenían una asociación de este tipo.

volumen congreso zaragoza asociación española para el progreso de las ciencias

Fotografía de un ejemplar del Tomo VI del Congreso de Zaragoza de la AEPC. Imagen sacada de Todocoleccion.net

Fue fundada en 1908, a raíz de una propuesta de Luis Simarro, presidente de la Sección de Zaragoza de la Real Sociedad Española de Historia Natural, quien propuso hacer un congreso nacional con todos los naturalistas, que luego se ampliaría a todas las disciplinas científicas. Simarro le pidió a Segismundo Moret que avalara su proyecto, quien amplió la idea para abarcar más ámbitos y presidió el congreso fundacional de la AEPC, en el que había representaciones de las Academias científicas, centros de enseñanza, sociedades científicas, laboratorios, prensa… Así, el 23 de febrero de ese año, se aprobaron los estatutos de la asociación.

Su objetivo era, de manera resumida, concertar esfuerzos en el adelanto y difusión de los conocimientos para favorecer la obra científica, establecer relaciones de simpatía y apoyo entre los que colaboran en el cultivo del saber para estimular el trabajo, avivar vocaciones, alentar la inventiva de los investigadores, despertar en el público la curiosidad científica, propagar en el país la afición al estudio y arraigar en la conciencia el principio de “Saber es poder”. Además, los miembros de la AEPC estaban convencidos de que el desarrollo de los pueblos dependía principalmente de su cultura científica.

La verdad es que si nos lo planteamos desde el punto de vista actual, creo que todos los que trabajamos para el avance y conocimiento de la ciencia suscribimos al 100% estas palabras y este objetivo. Así que no deja de ser sorprendente que ya hubiera personas que pensaran así hace más de 100 años.

pin congreso salamanca asociación española para el progresos de las ciencias

Fotografía de un pin de solapa del Congreso de Salamanca de la AEPC en 1923 (cada congreso tenía su pin). Imagen sacada de Todocoleccion.net

Un buen ejemplo  de la voluntad de cambio de un grupo de personas pioneras a principios de siglo XX, que ya tenían claras las necesidades de la sociedad. Es una lástima que hoy en día sigamos con esta lucha y estemos casi en el mismo punto. De hecho, también a principios de siglo XX, Santiago Ramón y Cajal ya se quejaba de los males que tenía este país respecto a la ciencia, unos males que tampoco han cambiado con el paso de los años.

Volviendo a la AEPC, su objetivo principal y su visión positivista, gracias al dominio de las Ciencias Naturales, fueron cambiando a lo largo de los años, hasta que, a finales de los años 20, empezó a haber una corriente reaccionaria, que coincidió con un dominio de las Ciencias Sociales, y terminó abrazando el franquismo. Y no fue hasta finales de los años 50 que la asociación empezó a mostrar, tímidamente, un acercamiento a las preocupaciones propiamente científicas. Aun así, no volvió al mismo posicionamiento de sus orígenes, en la llamada etapa de Oro, y terminó desapareciendo en el año 1979.

En resumidas cuentas, podemos decir que la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias solo fue fiel a su nombre solo durante sus primeros 20 años de historia.

antonio vila nadal asociación española para el progreso de las ciencias

Retrato de la familia Vila Coro. Mi tatarabuelo es el hombre mayor de la fila superior. Fotografía de JM Vila-Coro Barrachina, sacada de la web Galeria de Metges Catalans.

A decir verdad, conocí la existencia de la AEPC al saber que un pariente mío formó parte de ella. Y sabiendo la historia de este pariente, creo que es un ejemplo claro de esos pioneros que formaron parte de los primeros momentos de la asociación. Probablemente pocos reconoceréis su nombre (a no ser que seáis ecólogos gallegos, que quizá sí lo conoceréis) pero es uno de los primeros promotores para una Estación Biológica Marina en Galicia: Antonio Vila Nadal.

Antonio Vila Nadal era mi tatarabuelo (bueno, lo sigue siendo aunque esté muerto) y fue  profesor en la Universidad de Santiago (1886-1899) y en la de Salamanca (1902-1915) y catedrático de Historia Natural en la Universidad de Granada (1899-1900) y en la de Santiago (1900-1904) y de Botánica y Mineralogía en la Universidad de Barcelona (1912-1933) (universidades donde también fue profesor, obviamente).

Aunque hizo escasa aportación científica (tan solo se le reconoce una obra), es más conocido por sus clases (fue uno de los primeros profesores en hacer clases prácticas y en explicar las teorías darwinistas en la universidad) y por su labor divulgativa, siendo creador de dos revistas de divulgación científica: Revista de Ciencias Naturales (13 números entre 1887 y 1888) y La Propaganda Científica (14 números entre 1898 y 1900). También colaboró en publicaciones como El Globo (Madrid) y La Gaceta de Galicia.

Además, uno de sus proyectos más importantes, por no decir el que más, fue la creación de un acuario ambulante con el cual visitó poblaciones del interior de Galicia para que sus habitantes conocieran la fauna y la flora presente en el litoral gallego.

Reconozco que me hubiera gustado conocerle, pero el tiempo no perdona y no hay nadie inmortal. Así que, para honrar su memoria, no tengo más remedio que seguir trabajando duro para hacer llegar la ciencia al gran público, tal y como rezaba uno de los objetivos de la AEPC, e intentar ser un pionero como él, que intentó cambiar la concepción de la ciencia en España.

DH

 

PD: obviamente también me hubiera gustado conocer a uno de sus hijos, mi bisabuelo (Eugeni Vila Coro, licenciado en Ciencias Naturales y Medicina), quien creo que también formó parte de la Asociación Español para el Progreso de las Ciencias.

Bibliografía

AEPC:

Antonio Vila Nadal:

 

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