El cambio en las enfermedades que causamos los humanos

Las películas Estallido, 12 monos, 28 días después y Contagio tienen un elemento en común: la aparición de una enfermedad que causa un brote muy importante y que afecta a grandes áreas del planeta, cuando no en su totalidad.

12 monos enfermedad causa hombre

Cartel de la película 12 monos, que muestra un mundo devastado por la liberación de un virus sin cura. Imagen de SensaCine.

Por suerte, solo son películas y es muy difícil que ocurra en la vida real. ¿O no? Las emergencias sanitarias declaradas por la OMS en los últimos años (gripe A en 2009, poliovirus y ébola en 2014, y zika en 2016) parecen indicar lo contrario.

Estos casos hacen pensar que la probabilidad de que nuevos brotes epidémicos se expandan fuera de las áreas donde se originan sea mayor de lo que se pensaba hace unos años. Los efectos de cambio climático y de la globalización pueden favorecer la dispersión a gran escala de enfermedades que antes solo se limitaban a unas áreas concretas.

Respecto al cambio climático, el aumento de las temperaturas permite que ciertas enfermedades que solo se encontraban en regiones tropicales puedan prosperar en otras latitudes, afectando principalmente al hemisferio norte. Y no es solo que puedan prosperar los agentes infecciosos per se, sino que también lo hacen sus vectores, es decir, los organismos que transmiten el patógeno, sea virus, bacteria u otro ser vivo.

Un ejemplo claro de ello son los mosquitos, transmisores de enfermedades tan variadas como la malaria, el zika, el dengue, la chicunguña… En numerosos países europeos y en Estados Unidos ya se pueden encontrar poblaciones establecidas de mosquito tigre (Aedes albopictus), un mosquito que hasta hace unos años solo se encontraba en África.

Y no es solo que aumenten sus áreas, sino que el cambio climático puede liberar patógenos que hace tiempo que están atrapados en el hielo del permafrost. Si este hielo de derrite, ciertos patógenos pueden volver a afectar a los humanos, tal y como demuestra el brote de ántrax que ocurrió este pasado verano en la península de Yamal, en Siberia: un niño murió, una veintena de personas contrajeron la enfermedad (y se cree que alrededor de un centenar más posiblemente también) y fue la causa de la muerte de 2300 renos.

permafrost enfermedades

El permafrost corresponde a todas esas capas de suelo, tierra y rocas que permanecen por debajo del punto de congelación del agua, de manera que están heladas. Fotografía de US Geological Survey

Nuevas olas de calor que derritan el hielo pueden causar la aparición de otras enfermedades que hacía siglos que no se veían. E, incluso, la aparición de enfermedades que tenían los primeros pobladores del Ártico: los neandertales y los denisovanos. Patógenos contra los que ya no tenemos ningún tipo de inmunidad.

Pero el cambio climático no está solo, puesto que la globalización, como he dicho antes, también juega su papel. En este caso, la facilidad, rapidez y frecuencia con la que las personas se mueven por el mundo, hace que sea mucho más fácil que se dispersen enfermedades fuera de sus áreas originales.

Siguiendo con el mosquito tigre, que es vector de la chicunguña, su dispersión muestra claramente lo que quiero decir, y no solo porque pueda vivir en lugares donde antes no podía. Originarios de África, vector y enfermedad llegaron a la India (donde no se encontraba) 24 horas después del brote en la Isla Reunión, en 2005 (donde tampoco se había detectado antes del brote). En 2007 llegaron a Europa mediante el transporte de neumáticos, y entre 2013 y 2014 hicieron el salto al continente americano.

Otro caso clarísimo fue la alarma que se creó sobre el virus del zika durante los Juegos Olímpicos de Río de 2016. Con casi medio millón de personas asistiendo a este evento deportivo, el miedo a expandir el virus tenía una base bastante sólida, aunque afortunadamente no ocurrió.

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Ceremonia de clausar de los Juegos Olímpicos de Río 2016. ¿Cuántas personas pasaron por la ciudad brasileña durante las semanas que duraron los Juegos? Fotografía de David Jones

La globalización ha provocado que el mundo sea cada vez más pequeño en cuanto a dispersión de patógenos y vectores. Además, estos organismos no entienden ni de fronteras ni de muros, con lo cual es complicado frenar estos avances.

Y si rizamos el rizo, el peligro de los patógenos microscópicos originado por las actividades humanas no se detiene ahí, puesto que la alteración del hábitat, como la deforestación, así como el cambio de usos del suelo, puede llevar también a un aumento de la presencia de enfermedades infecciosas en humanos.

Por este motivo es necesario empezar a llevar a cabo distintas actuaciones. Una de ellas, importantísima, aparte de limitar los efectos del cambio climático, es conseguir que los países no desarrollados tengan capacidad de detectar posibles amenazas, puesto que muchas enfermedades infecciosas tienen en estos países su origen.

Actualmente, muchas muertes, sobre todo en niños, ocurren en las casas, donde no se puede saber qué ha causado la muerte. Y si ocurren en hospitales, en estas regiones no son capaces de identificar patógenos que casi no se conocen. Eso significa que es muy probable que muchas enfermedades no se detecten, fenómeno llamado silencio epidemiológico, y que brotes importantes que puedan haber ocurrido, jamás se conozcan.

isglobal enfermedad

Desde el Instituo de Salud Global se trabaja con diferentes enfermedades infecciosas de manera que se pueda encontrar una cura a ellas. Imagen de ISGlobal

En este sentido, desde el Instituto de Salud Global, en Barcelona, se ha puesto en marcha el proyecto Cadmia, cuyo objetivo es dar a conocer esas enfermedades que son desconocidas. Y desde la OMS, en 1996 se creó la Goarn (Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos), que envía equipos de expertos cuando los brotes infecciosos pueden terminar en epidemias o cuando la enfermedad es desconocida.

Otra actuación destacada que hay que hacer es la investigación médica, sobre todo en el caso de los virus: son de difícil diagnóstico (pueden causar enfermedades poco frecuentes y muchos centros de salud no tienen la capacidad de detectarlos, sean de donde sean), son capaces de introducirse en las células humanas, con lo que es difícil acabar con ellos sin atacar nuestras propias células, muchos dependen de un vector que los disperse y, en algunos casos, pueden tener un reservorio animal donde esperar sin mostrar ningún efecto.

Además, si a esto se le suma que hay más antibióticos que antivíricos y que, en los países desarrollados, cada vez hay más personas que deciden no vacunar a sus hijos, estamos facilitando que este tipo de patógenos puedan afectarnos de manera muy importante, independientemente de las actuaciones que se hagan. Y esta estupidez nuestra también puede existir con las bacterias, gracias al consumo de antibióticos de manera equivocada.

En este sentido, un reciente estudio muestra que los niños españoles consumen más estos medicamentos que en otros lugares del planeta. Su abuso puede provocar la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos, con lo que dejan de ser efectivos. De hecho, muchos científicos y médicos avisan del potencial peligro que pueden suponer estas bacterias resistentes.

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Imagen de E. coli, una de las bacterias que causan más muertes cuando generan resistencia a los antibióticos. Por NIAID

Por poner un ejemplo, desde el Gobierno del Reino Unido se calcula que 5000 personas mueren al año por resistencias a antibióticos en esta nación, pero ciertos investigadores dicen que realmente son unas 12000 personas al año (más que de cáncer de mama).

Teniendo todo esto en cuenta, es muy posible que estemos ante una amenaza global de proporciones que aún cuestan de imaginar. Pero siendo sincero, los seres humanos siempre hemos estado en contacto con los organismos microscópicos. En algunos casos, es te contacto es beneficioso, como con nuestro microbioma, que nos aporta beneficios en la captación de nutrientes e inmunidad, pero en otros casos es perjudicial, como los patógenos que se han mencionado.

Y con ellos siempre hemos estado en guerra. El problema es que en los últimos años nuestras propias acciones parece que nos están haciendo perder, tal y como se ha visto en este post. Así que toca empezar a actuar si se quiere revertir la situación. En caso contrario, nos tenemos que preparar para nuevas enfermedades, nuevos brotes y nuevas epidemias.

DH

Bibliografía

  • Sáez, C. (2016). “En guerra permanente contra el enemigo invisible”. Magazine La Vanguardia. 30 octubre.
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