Gestionar el turismo para proteger la biodiversidad

Todos queremos viajar, o al menos eso nos han hecho creer. Visitar lugares lejanos, otras culturas, probar comidas diferentes, conocer nuevas personas. Todos tenemos una lista de lugares a los que nos gustaría ir, sitios exóticos que nos gustaría descubrir.

viajar turismo

Muchas veces, cuánto más lejos el sitio, cuantas más horas de avión, mejor serán las vacaciones. O eso piensan algunos. Fotografía de richardkhor.

Yo no soy una excepción y tengo mi listita. No sé si estas ganas de conocer mundo se deben a que realmente me gusta o a que soy una víctima más de este juego mental al que llamamos consumismo y que nos insta a querer cosas superfluas para que no nos preocupemos por otros temas más importantes.

Sea como sea, mi lista está llena de islas paradisíacas y lugares inhóspitos cuyo principal atractivo es la naturaleza: Nueva Zelanda, Australia, Nueva Caledonia, Islandia, Doñana (para mí en lo que respecta a naturaleza, todos estos sitios son comparables). Pero hay uno de ellos al que le tengo un especial interés: las Islas Galápagos. Creo que no es necesario decir por qué.

La verdad es que me apetecería mucho visitar las Galápagos, pero no creo que llegue hacerlo. Dejando a un lado el tema económico, la masificación de estas islas es el principal escollo. En los años 90, este archipiélago ecuatoriano tenía unos 40000 visitantes al año. En 2013 superaron por primera vez los 200000 visitantes (2015 marcó el récord con 224000).

Este crecimiento brutal ha traído consigo unos inconvenientes: el daño causado al entorno natural y la biodiversidad. Especies invasoras, alteración del hábitat… fenómenos que son resultado de un círculo vicioso con la creciente llegada de turistas a las Galápagos. De hecho, existe un informe solicitado por el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en el que se mostró que con el aumento actual de visitantes, los beneficios económicos aumentarían hasta 2027, año en el que empezarían a desplomarse.

¿Por qué se daría esto? Porque se dañaría tanto el ecosistema de las islas que la naturaleza desaparecería. Y sin naturaleza, el principal valor de las Galápagos, ya no vendrían tantos visitantes, de manera que ya no habría ingresos ni, mucho menos, beneficios.

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¿Quién se puede resistir a poder estar cerca de estos leones marinos? La naturaleza de las Islas Galápagos es su principal reclamo, pero demasiada gente, y sufrirá demasiados daños. Fotografía de pantxorama.

El mismo informe detalló un modelo alternativo que consistía en estabilizar el número de visitantes anuales en unos 240000. Obviamente aportaría unos menos beneficios hasta 2027, pero quedarían asegurados durante unas decenas de años más.

¿Qué hizo el gobierno ecuatoriano? Dejarlo en una estantería. Tan solo modificar una ley que ya existía y que no cambiaba mucho las cosas. Así que no hacer nada es igual a seguir con el ritmo que había de crecimiento, aún a riesgo de saber que podría causar daños irreparables a su principal motor turístico. Todo muy lógico.

Ejemplo del daño que se podría causar, sin dejar las Galápagos: en 2014 se reabrió al público una fractura volcánica llamada Las Grietas, donde se mezcla el agua salada con la dulce creando un ecosistema salobre ideal para las larvas de peces y, concretamente, para una especie de pez loro. El motivo fue la colocación de unas pasarelas para que los turistas pudieran acceder mejor a las aguas de la fractura.

¿Qué pasará con el pez loro con la previsible presencia o aumento de restos de comidas, bolsas de plástico y pegotes de crema solar en el agua? No hay ningún estudio de su impacto, pero no es descabellado que éste sea negativo.

Y esto se debe a que los visitantes son estúpidos e inconscientes. Obvio que no todos lo son, pero por cada familia que vigila su impacto medioambiental, debe de haber 50 que no lo hace (dato mío inventado pero que refleja que a la mayoría le da igual).

¿Más ejemplos que los visitantes/turistas/bañistas/lo que sean les da igual todo, sobre todo durante sus vacaciones?

  1. Turistas invadiendo una playa de Costa Rica cuando las tortugas iban a desovar, interrumpiendo a los pobres animales, que volvieron al agua.
  2. Bañistas que sacan a una cría de delfín del agua y que se muere mientras se hacen selfies con ella.
  3. Un tarado saca a un tiburón del agua y lo mantiene inmóvil mientras le hacen una foto.
  4. Visitar un Parque Nacional y volver con una bolsa llena de basura que he ido recogiendo por el camino (sí, fui limpiando la mierda que veía en un Parque Nacional español y fliparíais al saber lo que me encontré).
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La observación de pájaros, el llamado birdwatching, es una de las actividades más destacadas que se suele promocionar dentro de la oferta del ecoturismo. Fotografía de Guido Andolfato.

Claro que hay soluciones a ello, principalmente el ecoturismo. Pensado ya para personas con una conciencia medioambiental elevada, que quieren disfrutar de sus vacaciones, pero respetando el entorno y el medio ambiente. Pero aun así, una masificación de ecoturistas también es perjudicial (aquí jugaría la avaricia del promotor del ecoturismo en cuestión: si lo hace convencido o por aprovechar la moda).

Cuando vamos de viaje, muchas veces no tenemos en cuenta el entorno que visitamos y solo nos preocupamos de pasarlo bien, de hacer tantas actividades como sea posible, de hacer tantas fotos como podamos y de desconectar al máximo de nuestro día a día. Por ese motivo, los turistas suelen ser muy descuidados y desconsiderados.

Pero el respeto hacia el planeta no debe descansar y debemos tenerlo en cuenta. El turismo y la conservación pueden ir de la mano, aportando ingresos que se pueden destinar a la preservación de los ecosistemas, su fauna y su flora. Todos podemos ayudar y contribuir a ello. Y no es tan difícil.

Si queremos seguir disfrutando de una naturaleza única, que no para de sorprendernos, como la de Galápagos con sus iguanas híbridas (sí, las hay en la pequeña isla de Plaza Sur), todos debemos aportar nuestro granito de arena. Sea llevándonos nuestros residuos, denunciando a quien lo hace mal o, simplemente, no renunciando a la esperanza de que aún podemos hacer algo por este planeta.

DH

Bibliografía:

  • Tullis, P. (2016). “Presión turística sobre la vida silvestre de las Galápagos”. Investigación y Ciencia, 470: 74-79.
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