Conociendo las extinciones en masa

Hablar de grandes episodios de extinción en la Tierra, casi siempre remite al meteorito que casi extinguió a los dinosaurios (las aves son dinosaurios en el sentido estricto de la palabra). Y es que se trata de la extinción más conocida por la gran mayoría de personas. Pero no fue la única, ni la más catastrófica.

meteorito extinción

Recreación del momento del impacto del meteorito hace 65 millones de años. Imagen de NASA Blueshift.

Yendo por partes, una extinción masiva implica una rápida disminución en el número de especies existentes en un momento, siendo mayor que la tasa de especiación (aparición de especies nuevas). Y un evento ligado a una extinción masiva es el fenómeno causante de la extinción masiva.

A lo largo de la historia ha habido 5 grandes extinciones masivas:

  • Hace 439 millones de años: desapareció un 85% de las especies;
  • Hace 367 millones de años: desapareció un 82% de las especies;
  • Hace 251 millones de años: desapareció un 96% de las especies (la mayor extinción registrada)
  • Hace 210 millones de años: desapareció un 76% de las especies;
  • Hace 65 millones de años: desapareció un 76% de las especies (la que provocó la extinción de los dinosaurios tal y como los conocemos).

Los eventos ligados a estas extinciones no son del todo conocidos aún, quizá con la excepción del meteorito de hace 65 millones de años. Pero, como he dicho, puede que solo fuera la puntilla final para los dinosaurios porque hay algún estudio que sugiere que, a nivel ecológico, estaban sufriendo una crisis y podrían haber desaparecido igualmente.

Aun así, sí que se sabe que hay ciertos fenómenos capaces de provocar grandes extinciones en masa, haciendo desaparecer a la mayoría de especies del planeta. Un ejemplo de estos fenómenos son los volcanes y las grandes erupciones que se han producido en algunos momentos de la historia del planeta. De hecho, se considera que las erupciones han estado ligadas a casi todas las extinciones en masa.

erupción extinción

Fotografía de un volcán en erupción. Fotografía de Walter Lim.

Recientemente, un estudio muestra que la primera gran extinción, la que tuvo lugar hace 439 millones de años, aproximadamente, pudo estar relacionada también con los volcanes. Esta era la única que aún no estaba vinculada a ellos y ahora parece ser que una inmensa erupción (con una superficie del tamaño de Europa) provocó un gran edad de hielo cuando la lluvia hizo precipitar todo del CO2 emitido, enfriando el planeta y exterminando un 85% de las especies (todas marinas).

Dicho esto, numerosos científicos consideran que actualmente estamos viviendo la sexta extinción masiva de la historia de la Tierra o, al menos, estamos a las puertas. Eso es debido a que la pérdida de especies se ha disparado en los últimos años por culpa de las actividades humanas que, entre otros impactos, está provocando un cambio en el clima planetario. Precisamente, esta sería la novedad de esta nueva extinción en masa.

Por primera vez, las causas no tendrían índole geológica, sino biológica, pues somos los humanos los culpables. Afortunadamente, también estamos a tiempo de minimizar los daños que se puedan causar en el futuro.

Pero, tal y como escribí en la revista Principia (versión impresa, Episodio 2 – Temporada 2), puede que realmente no seamos los primeros organismos que provoquen un cambio en el planeta.

impacto deforestación

Imagen de un bosque deforestado, uno de los muchos impactos causados por el ser humano. Fotografía de CIFOR.

Hace unos 2400 millones de años, el oxígeno se empezó a acumular en la atmósfera, fruto del metabolismo de los primeros organismos fotosintéticos: las cianobacterias. Justamente en ese período, tuvo lugar la primera gran glaciación de la que se tiene constancia. Puede que sea coincidencia, porque hay indicios de una bajada en la actividad volcánica que podría haber provocado esa glaciación.

Aun así, para que se acumulase oxígeno en la atmósfera del momento, primero tuvo que reaccionar con los elementos que había en ese período. Y, uno de ellos, era el metano. Este, al reaccionar con el oxígeno, daba lugar a CO2, con menos capacidad de absorción de calor que el metano y, por tanto, podría haber provocado una caída de temperaturas.

Ahora, que otros organismos pudieran provocar tal cambio en el planeta, no significa que podamos hacer lo mismo y olvidarnos de las consecuencias. Es cierto que la vida siempre se recupera después de una gran extinción, pero lo que hay que saber es si la humanidad sobrevivirá y, si lo hace, podrá vivir con muchas menos especies.

Para no saberlo, lo mejor es trabajar desde ya para minimizar el daño que estamos causando e intentar conservar tantas especies, hábitats y ecosistemas como podamos. Sabemos que van a desaparecer especies y áreas naturales, hay que asumirlo, pero intentemos que sean las menos posibles. Entre todos los podremos hacer.

DH

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