Rumores de una extinción

La llamada del director de la entidad conservacionista le había dejado preocupado. Y por eso había decidido acceder a visitar el lugar. Aunque las habladurías habían aparecido en los medios, hoy en día no sabía si fiarse de lo que explica la prensa y la televisión, menos aun cuando la noticia la dio una pequeña entidad del país tropical en cuestión.

Mientras observaba el paisaje en el avión, no dejaba de pensar si la noticia era cierta. Imagen de Andy Nystrom

Aun así, el tono de voz del director no admitía réplica. Se fue a casa, cogió la primera ropa que pudo y se dirigió al aeropuerto. En cuanto aterrizó lo llevaron hasta el puerto de la capital del país y lo metieron en un barco hasta que llegaron a la isla.

El viaje por mar no fue apacible: una fuerte tormenta azotaba la zona y se había recomendado no navegar. Pero el asunto a tratar merecía la excepción. “Realmente parece que sí ha pasado algo grave”, pensó ante las prisas de todas las personas con las que había tratado en las últimas horas. Difícilmente se mueve tanta gente y tan rápido por un lamentable crimen contra la naturaleza, tal y como lo llamaban los medios.

Le parecía irónico que los medios lo llamaran así porque no existía tal cosa en el código penal. Aunque le gustaría que existiera tal cosa, la sociedad aún no parecía suficientemente consciente.

Cuando salió, a duras penas, del barco, caminó por un pequeño muelle hasta la costa. Se quitó las gafas porque con la lluvia veía mejor sin ellas que con ellas. Se acercó el mapa hasta la punta de la nariz y buscó el punto donde le habían dicho que estaba el cabo suelto. Cuando lo encontró, lo agarró y se metió dentro del bosque.

El pequeño trecho por el muelle lo dejó empapado, como si le hubieran lanzado un cubo de agua encima. Fotografía de Rhea Monique

Calado hasta los huesos siguió andando sin soltar el cabo. La verdad es que la caminata fue más fácil de lo que parecía y en una hora llegó al punto marcado como la mitad del camino. Levantó la vista del mapa y miró el pequeño valle que tenía delante, con el poblado en el centro. Como ya casi no llovía, sacó su catalejo y observó con detalle a los aldeanos: llevaban una vida tranquila y no parecía haber restos de ninguna matanza. Aun así, empezó a sacar fotos del lugar.

A medida que se fue acercando, empezó a ver piedras blancas. Se agachó para recoger una y le pareció que tenía un tacto conocido. Otra piedra a su derecha le llamó su atención, parecía tener forma de falange… hasta que se dio cuenta de que realmente era una falange. Su cabeza hizo clic y empezó a coger trozos de “piedras” y a ordenarlos como si fueran un puzle. Enseguida formó una pata y se dio cuenta de que todo eran huesos. Montones de huesos, la mayoría rotos.

Nada de eso indicaba ninguna atrocidad, puesto que podían ser de algún animal doméstico que habían comido los aldeanos. Hasta que se fijó en una piedra con forma curiosa: parecía la cabeza de un dinosaurio con un cuernecillo en el morro y le miraba con una expresión vacía. Era indudablemente el cráneo de un cocodrilo unicornio, una especie críticamente amenazada que vivía en esos mares tropicales.

Se levantó de golpe y llegó hasta la aldea corriendo. Los habitantes lo miraron, pero no le hicieron caso. Un hombre se le acercó y le preguntó en un inglés perfecto a qué se debía su visita. Consternado por lo que había visto hacía un momento, explicó que había venido a comprobar los rumores de una entidad local, que decía que se había cometido una matanza de cocodrilos.

El color del sol al ponerse daba un toque aún más sangriento a la verdad. Fotografía de Edmund Garman

El hombre sonrió y le dijo que no había sido una matanza, sino un ajuste de cuentas. Lo guio hasta una fosa donde se amontonaban centenares de cocodrilos. La cara del investigador se desencajó y cayó de rodillas al suelo. Tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para sacar fotos de esa matanza. De hecho, pensó, considerar eso una matanza era quedarse corto. Probablemente, exterminio era más adecuado porque calculó que ahí podía haber todos los ejemplares de la especie. Todos muertos. Posiblemente habían extinguido la especie en unas pocas horas.

Se giró hacia el aldeano y le pidió, con voz temblorosa, porque lo consideraban un ajuste de cuentas. El hombre le contó que  uno de ellos había matado al hijo de un vecino mientras pescaba en el mar: accidentalmente, el hilo de la caña se enredó en la pata del cocodrilo y, sin tiempo a reaccionar, arrastró al niño, que no pudo soltarse y murió ahogado. Como represalia, decidieron salir a matar todos los ejemplares que encontraran.

El hombre parecía igual de tranquilo que antes, habiendo soltado esa burrada. Incluso le preguntó si quería quedarse a cenar. El investigador se levantó, sin mirar a la cara a ninguno de los aldeanos y se fue por el camino por donde había venido.

Al llegar al punto intermedio marcado en el mapa, se giró para ver el poblado. Las nubes se habían abierto y dejaban pasar la luz rojiza del sol poniéndose. Realmente era un lugar precioso… de una belleza sangrienta, eso sí.

Días después, de vuelta en su despacho, seguía aturdido. Había enviado las fotos y el informe de lo que ocurrió. No sabía si las autoridades locales podrían hacer algo contra esa gente, pero lo que le quedó claro es que aún hay personas que no tienen ningún interés en la naturaleza, ni entienden que los accidentes son eso, accidentes. En ese viaje perdió un poco de su esperanza en la humanidad.


Esta historia es totalmente ficticia, pero está inspirada en la noticia del asesinato de casi 300 cocodrilos en una aldea indonesia como venganza porque uno de ellos mató a un vecino. Estos cocodrilos se encontraban en un centro de cría para repoblar a la especie local, amenazada. Así que el sentimiento que se puede extraer de la historia ficticia y de la noticia es la misma… desafortunadamente.

DH

Anuncios

TALK to me

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

misedades.wordpress.com/

IMAGEN CORPORATIVA | COMUNICACIÓN

VueltaenterA

Neogeografía, apps y medio ambiente

Los Mundos de Brana

«A través de la emoción uno puede llegar a apasionarse por el conocimiento científico». Clara Janés

Esquilant la Dolly

Esquilant la Dolly

Andanzas de un Trotalomas

Andanzas, aventuras y desventuras de un naturalista apasionado

GalianayCía.

El arte de contar lo que vemos

UNA INVESTIGADORA EN APUROS

En constante estado metaestable desde la década de los 70

Retales de Ciencia

Biología Evolutiva y Biodiversidad

Máster en Primatología

Máster en Primatología

A %d blogueros les gusta esto: